viernes, 28 de octubre de 2011

Por un segundo de una canción

Por un solo segundo de una sola canción de aquel cedé. Por un simple e insignificante momento, lo cogió y corrió a toda velocidad en dirección a aquel barranco. Cuando estuvo cerca del borde frenó en seco sus pies y, aprovechando el impulso de la carrera, lo lanzó todo lo lejos que sus fuerzas le permitieron. Los rayos de sol rompían sobre la superficie de la circunferencia plateada, delimitando la trayectoria de la prolongada caída del objeto.

Tras haberse asegurado de que había quedado completamente inalcanzable -y casi con toda certeza inutilizable también-, permaneció quieto mirando al suelo. Estaba absolutamente extasiado, como en el primer instante de tranquilidad después de una gran tormenta. Su respiración era muy agitada, y sus puños aún seguían fuertemente cerrados producto de la rabia. Su pecho se hinchaba entre pequeños bramidos, como se hincha el pecho de una bestia herida. Llegado el momento cerró los ojos, se encogió casi por completo y pronunció un estruendoso grito que se pudo oír en todo el valle. Gritó como no lo había hecho nunca antes en su vida. Después respiró con fuerza tres o cuatro veces más, tragó saliva y poco a poco comenzó a relajarse.

Primero abrió los ojos. Luego soltó sus brazos, abrió los puños y se incorporó. Dio media vuelta y entró de nuevo en su coche. Una vez dentro, buscó un nuevo cedé en la guantera y lo introdujo en el reproductor, pero en esta ocasión uno que no tuviera un segundo de una canción que le pudiera recordar a ella.