sábado, 30 de enero de 2010

Sorpresa en el aparcamiento

Como vengo repitiendo reiteradamente a lo largo de estos días, estoy de exámenes. Este fin de semana no prometía nada más allá de biblioteca, películas nocturnas y alguna que otra insana bolsa de patatas o palomitas. Sin embargo algo ha cambiado el curso del mismo. Todo ha comenzado entre las siete y las ocho de la mañana —nos ha llevado un buen rato de discusión concretar el segmento horario—, cuando Mikel «El Gasteiztarra» me ha recordado viejos tiempos despertándome para abrirle la puerta. Ha vuelto de Edimburgo unos días y no ha dejado escapar la ocasión de reencontrarse con el pasado, dormitando una vez más el salón de casa. Como estaba resentido por una juerguecita nocturna que monté este verano, y había que despertar a uno de los tres, me ha tocado pagar el pato. Pero como ya dije en otra ocasión, es un gran tipo, así que se le perdona. He esclarecido el dónde y el cuándo ha llegado, pero el cómo es algo que dejaré a la imaginación de cada uno.

El caso es que varias horas más tarde, cuando los sábados hacen personas de bien a los individuos nocturnos trasnochadores, hemos decidido desayunar en el Rodrigo. El Rodrigo era uno de los mayores responsables de los retrasos laborales de Mikel cuando él aún vivía en Madrid, así que le hemos dado el gusto. Y cuando digo hemos, me refiero a Vera y a mí, ya que Nacho tenía una misión de vida o muerte y no ha podido pararse: llegar hasta Ávila cumpliendo horarios.

Después nos hemos desplazado hasta el centro para comer. Y aquí nos acercamos al detalle inquietante del día. No hablo de la comida, la cual si bien ha sido satisfactoria, tampoco ha destacado en demasía —a excepción de una pequeña porción plástica que ha aparecido en un nacho relleno. Y es que por todos es sabido que encontrar aparcamiento en Madrid compone una ardua tarea. Hemos pasado un buen rato buscando un sitio donde aparcar, pero sin duda cuando lo hemos encontrado nos hemos visto infinitamente recompensados. No diré más, pues lo tengo todo grabado en vídeo.


Gracias Madrid.

viernes, 29 de enero de 2010

Mariposas de gominola

Desde ayer vengo atravesando una crisis importante, incubada a caballo entre una turbia temporada de exámenes y un profesor odiosamente bueno. Como sabéis no me lo suelo permitir, pero qué diablos, en estas fechas el cuerpo agradece que se le de un poco de gusto. De antemano advierto que hoy las lisonjas brillarán por su ausencia.

Me gustaría comenzar hablando de las pensiones, ya que casualmente hoy mismo terminan de abonarse las del mes de enero. Con el cierre del 2009, el Gobierno se jactó de una subida general al alza de un 1% en la pensiones. Y no crean que de una forma baladí. Todos los pensionistas españoles, sin ir más lejos, recibieron en sus residencias una carta dirigida desde el Ministerio de Trabajo e Inmigración en la que se les felicitaba por la inminente subida de su pensión en 2010. Si bien es cierto que la cuantía bruta de las pensiones ha subido, se ha visto neutralizada por la subida del 1’5% que el Gobierno ha ejecutado sobre el IRPF. Dicho de otra manera, los pensionistas han visto reducida la cuantía cobrada por sus pensiones, que es a fin de cuentas con lo que uno compra el pan. Así, el Gobierno se preocupa encarecidamente de informar a título personal al pensionista de que en 2010 va a cobrar más, pero cuando este recibe el ingreso descubre que ha ocurrido meridianamente lo contrario. Entiéndase lo que quiero decir, no es tanto una cuestión de si la medida es acertada o desacertada, lo cual nos extrapolaría a un debate de política económica cuando yo simplemente remarco un detalle de ética política, o más bien de falta de ella. Esto es, dicho de otro modo, señalar el engaño flagrante, la hipocresía y la crisis de valores. Nos toman por idiotas. ¿A cuento de qué el Ministerio envía una carta a miles de pensionistas felicitándolos por la subida de su pensión? A cuento de una propaganda burda y falaz de unas siglas políticas, costeada eso sí, del bolsillo de los españoles.


Y es que últimamente los políticos están muy comprometidos con que el ciudadano se mentalice del coste de los servicios públicos. Me refiero sin ir más lejos a la Consejera andaluza de Salud, María Jesús Montero, que anunciaba esta semana la facturación al paciente del coste de los servicios médicos públicos. Según manifestaba la Consejera, el ciudadano tiene que estar concienciado del coste que supone a las arcas públicas el servicio. No podría estar más de acuerdo, aplaudo la medida por parecerme absolutamente acertada. Corta, pero acertada. Porque es cierto que el ciudadano tiene que ser consecuente con el coste de las inversiones públicas que se financian con el dinero de todos. Así bien propongo extender la medida al resto de inversiones, empezando por ejemplo por las dietas y demás gastos de la clase política con detalle tapado. ¿Acaso no es lícito que el ciudadano sea consciente de en qué se gastan nuestros políticos un dinero que supuestamente conlleva un uso éticamente correcto? ¿Es esta una cuestión de quién es el beneficiario del gasto para airear las cifras o cerrarlas a cal y canto? No me cabe duda de que sí.







Mi indignación, lamentablemente, no acaba aquí. Está ahora sobre la palestra el tema del Cementerio Nuclear. Bueno, o como prefiere el Foro Nuclear, el Almacén Temporal Centralizado. Sí, porque al parecer no es un Cementerio, se trata de algo temporal, y cito textualmente: el Gobierno prevé que la vida del ATC sea de 60 años, si bien estará pensado para poder ser ampliado en caso de que así se precise. Pregunto, ¿quién va a venir después de 60 años a desenterrar mierda radiactiva del pleistoceno? También propone dejar de llamarlos Residuos Radiactivos para llamarlo Combustible Gastado. Yo propongo llamarlo Mariposas de Gominola. Según dicen la expresión 'residuo radioactivo' no es "correcto" para referirse a 'combustible gastado' de las centrales nucleares, porque no debe ser considerado como un desecho o un pasivo, sino como un activo que todavía posee mucha energía. Sí, probablemente los vecinos del pueblo puedan usarlo para el alumbrado de navidad. Por su parte Zapatero dice que el "almacén es necesario", y también que es "seguro". Yo propongo entonces que cada diputado se coja un bidoncito de Combustible Gastado y lo guarde en el trastero de su casa, así si un día se les acaba la leche podrán echarle crispis y dárselo de desayuno a sus hijos. Al parecer la catalogación segura del futuro Cementerio Nuclear en España se basa en que el de Borssele es quizás el lugar más seguro de Holanda. Claro que esto lo dice Hans Code, director de COVRA, la empresa estatal que se encarga de gestionar los residuos radiactivos que se producen en Holanda, y por extensión, el tío que más tajada saca del basurero radiactivo en cuestión. ¿Qué otra cosa puede decir este individuo? Yo por mi parte creo que no estaría de más darle algo de coba al detalle sin importancia de que El ATC español albergará 10 veces más residuos nucleares que el holandés. Y es que por algo será que al maldito Cementerio Nuclear no lo quiere ni el ministro que lo parió.


Siento haberos estropeado el fin de semana de esta manera tan funesta. Tan sólo os lanzo una pregunta más, ¿qué pasó al final con aquello de la Gripe A?

jueves, 28 de enero de 2010

Anuncio preocupante

Me llamó la atención el anuncio que encontré esta mañana en la parada del autobús. Como habrán podido suponer es el de la fotografía, puesto que resultaría estúpido hacer referencia a un anuncio e ilustrar otro diferente. Aún así lo aclaro, puesto que este es un blog abierto a toda clase de encéfalos.

He desarrollado el análisis en dos fases: los requisitos buscados en el inquilino y las características del ambiente de convivencia.

Lo primero a destacar por tanto es eso de que busquen a persona sola. A persona son preposición seguida de sustantivo en singular, es decir, ya de por sí limitan la búsqueda a un individuo. Redundar en el número resulta del todo ilógico, por lo tanto llega el momento de buscar una acepción para el sustantivo sola adecuada al contexto del anuncio, y que omita cualquier especificación cuantitativa. La única resultante es la siguiente: que no tiene quien le ampare, socorra o consuele en sus necesidades o aflicciones. Si continuamos leyendo comprobamos que las otras dos condiciones necesarias son ser una persona responsable y seria. Llegados a este punto sobra decir que no sólo buscan al compañero de piso más aburrido del planeta, sino que también alguien que de lástima, alguien con quien se puedan comparar en esos días de bajón para subirse la autoestima.

En segundo lugar lo correspondiente al buen ambiente familiar y pocas personas. Esta parte es realmente preocupante. ¿Acaso es atrayente un ambiente familiar por muy bueno que sea si tú no formas parte de dicha familia? No me digan por qué, pero la idea no me atrae una mierda. Y lo que sin duda más me ha mosqueado del anuncio: pocas personas. ¿Pocas personas? ¿Pocas personas comparado con qué? ¿Con una puta romería? Pongamos por norma que los habitantes de un piso normal puedan oscilar de media entre las 2 y las 5 personas. ¿Si el número de habitantes del piso del anuncio estuviera en ese parámetro no habría sido más fácil indicarlo? Existe pues un claro miedo a especificar el número real de inquilinos. En lugar de ello han sustituido el dato por el ambiguo adjetivo pocas. Ofreciéndoles el mejor margen posible yo me atrevería a decir que en ese piso viven, por poco, 6 personas. Eso, si bien son pocas personas, componen una familia numerosa de categoría especial.

Y yo me pregunto, ¿compensa entrar a vivir con la tribu de los Brady sabiendo que te consideran un ser triste, depresivo y sin amigos?

Hasta aquí la reflexión del día. Que maten bien el mes de enero.

domingo, 24 de enero de 2010

De decoraciones ejemplares (I)

No sé si os he hablado alguna vez de la decoración de mi piso. Probablemente alguna vez haya tocado el tema de un modo periférico, pero nunca creo haberlo abarcado directamente. Así que allá voy.

Todo comenzó en agosto de 2008. Aquel verano había abandonado mi anterior piso básicamente por encontrarse a unos doscientos mil kilómetros de distancia de la facultad. Contacté por teléfono con dos chavales a los que les había quedado libre una habitación. El piso, en cuanto a localización, estaba a entre quince y veinte minutos de la facultad. Además era más barato que el anterior, así que todo perfecto.

Cuando visité el piso por primera vez me pareció bonito, diferente e incluso, moderno. No sé si fue porque en mi anterior piso la decoración además de recargada se basaba en un rancio gotelé, punto de cruz sobre sillones y sofás, y vírgenes y cristos en la denominada Habitación de los Horrores; o porque en la habitación que alquilaban había una tabla a apenas veinte centímetros en dirección ascendente desde la almohada. En efecto, hasta que una tarde-noche de diciembre Nacho y yo destruimos ese enorme mueble, me golpeé la cabeza siguiendo una media de unas cuatro o cinco veces por semana. Por cierto, esa misma tarde-noche conocí a El Puto Loco, El Acuchillador, pero eso es ya harina de otro costal. En cualquier caso el resto de la decoración no me llamó la atención.

Ante todo no me malinterpreten, no quiero decir que la decoración sea fea o antiestética. Es simplemente peculiar.

Todo este rollo de la decoración no lo descubrí al momento. De hecho no fui yo el que lo descubrió. Al contrario, se ve que cuando hube solucionado los problemas de mi propio cuarto ya me había acostumbrado al resto de elementos del piso.

Tuvo que pasar casi un año para que descubriésemos algunas cosas —Nacho llevaba en el piso un año más que yo, lo que tiene si cabe más delito. Y es que no fue con la llegada de un nuevo compañero allá en el mes de febrero (Vera), no. Tuvo que llegar el verano, y con él Mikel, un tipo de lo más observador.

Recuerdo aquella tarde. Estábamos en el salón tomándonos unos sandwitches de pechuga de pavo y queso que Mikel había comprado —cómo se te echa de menos— cuando de pronto dijo algo así como:
— Tíos, ¿qué cojones es eso?


Se refería a lo que a partir de entonces comenzamos a denominar El Cásper. El Cásper es un recorte de cartulina, a caballo entre el arte moderno conceptual y el desecho inútil. Yo no supe qué responder, porque la verdad es que por más que lo miraba no le encontraba más utilidad que la decorativa, lo cual era sobrevalorar descaradamente la belleza del bicho en cuestión.

Como ni yo ni por supuesto Vera sabíamos qué carajo representaba aquello, fuimos a preguntar al más veterano del lugar. Nachete, cuya sabiduría no conoce fronteras, nos aclaró el dislate. Al parecer Julito, antiguo inquilino y amiguete de Nacho, tuvo una iluminación creativa a los pocos días de haber alquilado el piso. Pensó que sería bonito hacer unos recortes amorfos de cartulina sobre los que poder pegar fotografías, dándole así un tono más cercano y confortable a aquella residencia lejos del hogar. Sobra decir que la idea se quedó a medio ejecutar.


En cierto modo, conociendo a Nacho, me sorprende que El Cásper haya aguantado en nuestras paredes más de dos años. Pero ahí sigue, tan firme como el primer día y sólo Dios sabe por cuánto tiempo...

jueves, 21 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

Nueva adquisición

He realizado un nuevo fichaje para este blog. Como me parecía que la ocasión lo merecía he intentado fotografiarlo. Este ha sido el resultado.




Como podéis comprobar, el resultado ha sido más que decepcionante. Justo cuando iba a desistir en mi empeño he recordado que mi compañero de piso tiene terminado un ciclo superior. Le he comentado la historia y, no sé cómo, pero ha conseguido echarle una foto al objeto en cuestión.


Desconozco cómo lo habrá hecho, pero no hay duda de que lo ha logrado. Sí señor. Sólo tengo que decir que mi cámara no es de la marca Kabok, pero en fin, no le podemos exigir más a las enseñanzas técnicas...

Un saludo chavales.

jueves, 7 de enero de 2010

Tres relojes


En mi casa tenemos tres relojes. Ninguno de los tres funciona. No sé si van con pilas o con otro sistema. Lo cierto es que desde que tengo uso de razón ninguno de los tres ha puesto interés en mover su minutero.

Los tres relojes están en la misma pared y me gusta que sea así. Con un simple vistazo puedo asegurarme de que las horas siguen sin haber avanzado un solo segundo. Diferentes entre sí, siempre igual de diferentes. Depués me siento frente a ellos y dejo volar la imaginación. Lo primero que suelo hacer es averiguar a qué parte del mundo pertenece la hora de cada reloj en ese momento. Nunca compruebo después si he acertado o errado. Una vez tengo los tres lugares, pienso en un niño para el primer reloj, un adulto para el segundo, y un anciano para el tercero. Más tarde los describo muy detalladamente, cada fragmento de imagen formada en mi cabeza, como si del mejor documental de la historia se tratase. Es este un ejercicio para la mente: alojar en ella a personas de todas las edades y partes del mundo hace que se estire, que se dé de sí, hasta que un día sin darte cuenta se abra por completo y para siempre.

Luego vuelvo en mí por un instante y me doy cuenta de todo aquello que puedo mejorar en mi vida y todo aquello por lo que puedo dar gracias. La experiencia me dice que mis errores y mi fortuna están equiparados en un gran número de ambos. Es asombroso que, mirándome al espejo, no me haya convertido en un imbécil absoluto.

En mi casa tenemos tres relojes. Ninguno de los tres funciona. No sé si van con pilas o con otro sistema, y a decir verdad, no tengo intención de comprobarlo.