miércoles, 29 de abril de 2009

Sí a los sueños, máxime desde la perspectiva racional

Encontrábase la madre preparando la comida, cuando en la cocina irrumpió de pronto el infante. El chico pedía un hacha, pues un gigante le perseguía. La madre, guiándose por el sentido común, desaprobó la idea: "un niño no debe jugar con hachas", le decía. A la insistencia del chaval, la madre alegaba el olor de la comida. El niño se impacientaba, pues su tiempo se acababa. Rogó a su madre mirar al jardín, y que fueran sus ojos los que viesen a una habichuela mágica perdiéndose hasta el fin. La mujer, que ante todo amaba al chico, hasta donde él quiso accedió a salir.

Nada, el jardín se encontraba exactamente igual que el día anterior, y el anterior al anterior.

La mujer premió a su hijo. La imaginación del infante, del trayecto que conecta las cacerolas con la puerta de la cocina, había contagiado la madurez de una mujer de familia. Seguidamente se sentaron, y disfrutaron de lo real de la historia: la comida.

El sentido común es salud mental, pues nos hace ser conscientes de que la imaginación* es la felicidad que se cultiva en la niñez, y se rescata a placer durante el resto de tu vida.

* como en su día pudiera ser la de Hans Christian Andersen.

lunes, 20 de abril de 2009

Paralontería

Venía yo con mi amigo imaginario en el autobús, pensativo, cuando de pronto le suelto:

- Illo, la habilidad de conducción de un piloto de autobuses es inversamente proporcional a su número de canas.
- ¿Y los calvos?
- Los calvos... eso es caso aparte illo.

Mi amigo se llama Grincho. Lo bauticé así en honor a los tres iconos que más admiro: Green Day, El abuelo del Francho y Chico Pancho. Green Day obviamente porque es la banda más influyente de la década, y su música inspira todas mis composiciones. Temas como 'I have a bike, a mountain bike', 'Defecate you, littleparrot' o 'Bitch host bigcup' me ayudaron mucho en la depresión del 98, año en el que mi actual exnovia decidió volver a instalarse su pene. El abuelo del Francho, primo del Restituto, es un viejo que invitaba a pollo con salmorejo a la chavalas jóvenes de Villanueva del Duque de Wellington. Su táctica habitual era apoyarse de una mano en el cartel de “Wellcome to Villanueva del Duque de Wellington” y giscarlas en los paseos vespertinos, arreándolas con el particular chiflido del 'Lagarto Algarrobo'. Por último, Chico Pancho, el héroe de la psicodelia de finales de los 90. Chico Pancho hizo sus primeros pinitos artísticos en el mundo de la interpretación. Forzado por su madre, la famosa actriz que encarnó a Petra en 'Todo sobre mí misma' cuyo nombre no recuerdo, ingresó en la Academia Suisse de Arte Dramático. Pero su carácter rebelde rompió las barreras de lo establecido. En cierta ocasión le mostró su poblado trasero a la directora de la academia por unas lentejas rebozadas que no eran de su agrado. Este hecho le costó la inmediata expulsión de la academia. Actualmente milita como guitarrista en Green Day.

En cualquier caso, el piloto del autobús iba pegando más panzazos que el puto Cabrera en la BCM el día del pregón. En esto que Grincho se saca una GameBoy Pocket y se pone a jugar a un ejemplar con peores gráficos que un juego de mesa: "Contra 12: 'Hostias como San Pancracios'". En un arrebato friki, el Grincho celebra su personal masacre con tan mala suerte de que el cartucho del Contra sale disparado, impactando en la tocha de una bibliotecaria complicada o bicho fonador asexuado. La menda se ha remangado y, en plena berserker, le ha pegado más hostias al Grincho que encinas dobladas en la Virgen de Luna. El Grincho, sangrando como un cabrón, se ha bajado del bus, ha formado una crisálida y se ha convertido en mariposa.

Bueno, esto último lo mismo me lo he inventado. El Grincho está bien, está aquí conmigo, ¡os manda saludos guapetones!

PD: Feliz cumple Alberto.

viernes, 17 de abril de 2009

Emilio

Hoy me he acordado de Emilio. Emilio era un chaval que conocí de pequeño, con 9 o 10 años. Él y yo no llegamos a intimar excesivamente, pero al tratarse de un chico extrovertido, por aquellos entonces todos teníamos conciencia de quién era. Emilio era algo mayor que yo, un par de años, quizá tres. En tan corta edad una distancia de este tipo es más que suficiente para formar parte de ambientes diferentes. Si lo conocí fue porque ambos pertenecíamos a ese círculo de gente con cierta afinidad por el tenis. Creo que él no era tarugo, pero la única escuela de tenis del valle era la de mi pueblo, por lo que confluían en ella muchos chicos de los alrededores. Los mayores recuerdos que tengo de él son de un campus de tenis veraniego en el que ambos tomamos parte. Resaltaría de Emilio el continuo estado de broma, le encantaba hacer reír a los demás con sus payasadas. Recuerdo en concreto una anécdota que contó en el gimnasio del polideportivo acerca de una atleta anciana que, según él, en cierta ocasión le ganó corriendo. También recuerdo haber coincidido con él en (creo) el antiguo Torneo de Feria que organizaba el Club de Tenis, supongo que ambos andaríamos por allí colaborando recogiendo pelotas, llevando los marcadores o cualquier otra cosa por el estilo.

Una mañana mi padre me dijo que Emilio había muerto. Al parecer tuvo un accidente de tráfico en el que no hubo supervivientes. El Torneo de Feria a partir de entonces pasó a celebrarse en memorial a Emilio. No recuerdo sus apellidos, ni recuerdo a sus padres. No recuerdo si tenía hermanos, ni dónde vivía concretamente. Pero hoy he rescatado durante un instante su figura, desdibujada por el paso del tiempo, la cual estará siempre para mí inevitablemente unida unas implacables ganas de vivir.