sábado, 8 de diciembre de 2007

Hijos de una historia; una cual otra cualesquier


El nuevo pantalón que sustituye al viejo. El recién comprado que releva al gastado. Las luces de neón que se llevan por delante al más sagrado de los olivos.

Así es amigos, El Olivo de BCM ya no está con nosotros. Y es que, ¿qué valor tiene en nuestras vidas las raíces de la historia? Somos rurales, esa es la sangre que corre por nuestras venas, ¿y nos atañe algo el entorno que nuestros tarugos antecesores nos regalaron con el mayor de los orgullos? Nada. Cero. Es el valor que depositamos sobre lo nuestro, sobre nuestras calles, sobre nuestras aceras, sobre nuestros locales y en definitiva, sobre nosotros mismos. La herencia genética de la que renegamos por esas fórmulas atrayentes y estimuladoras diseñadas por el mismísimo averno, una sociedad capitalizada por el caos y el desenfreno que avanza sin tapujos disparando a mansalva contra todos nuestros santos.

¡Vergüenza siento! Oh cruel destino, futuro errante, imparable rueda de Cronos que gira sin manera humana de escapar. La vida, que te golpea con su maza.

Descubrámonos por un momento y démosle un último adiós, porque nosotros lo hemos traicionado como viles bellacos sin corazón, con esta apariencia tosca y pétrea que, maldita sea, ¡odiaré por el resto de mis días!

(minuto de silencio)

3 comentarios:

José Manuel dijo...

Genial, Álvaro (¿no será ironía? ^o) )

Y yo que a veces he renegado de Torrecampo... :-(


Me arrepiento de todo lo malo que he dicho!!!!!!

Un saludo!

EL CONCERTINO dijo...

¿Cómo es posible que no haya caido en la cuenta de tan tosca cirscunstancia?

¿Será que había más humo en la pista de baile que en un puto volcán? Yo no es que no viera el olivo, sino que no vislumbraba un carallo a medio metro.

¿O será la mezcla entre la humereda y el efecto del ballantines ingerido en brasero? Los braseros los carga el mismísimo diablo, sobre todo si son de picón.

José Manuel dijo...

La verdad es que sólo renegué una vez... :-$