lunes, 23 de junio de 2008

Cuenta atrás


- ¡Manolo! ¡Somos los mejores!

Pasaron por delante de mis ojos sus calles, el júbilo de los jóvenes haciendo sonar las bocinas en mitad de la noche, las terrazas, semivacías por ser Domingo, agonizando estoicamente ante la inminente llegada de una nueva semana.

Seguí observando a la gente pasar delante mío, bebiendo del remanso de paz que propicia la ciudad dormida, el sopor de un verano que había irrumpido en nuestras vidas de pronto, sin previo aviso, como llegan las cosas buenas de la vida, y que traía consigo el recuerdo de tantas y tantas noches a las que jamás deseé poner fin.

El desfile finalizó abrupto, sumiéndome en la más densa oscuridad. A un lado quedó el lugar. Mientras, el impasible destino avanzaba, firme, sin piedad alguna por los que irremediablemente nos veíamos tocados a su juicio.

Las horas me acercaban a la ciudad que no llora, que no mira atrás ni se lamenta por los caídos. Descubrirme caído parecía, en esos momentos más que nunca, cuestión de tiempo.

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