miércoles, 12 de noviembre de 2008

La promesa, y daños colaterales

Se miró a las manos. Eran su único y mejor artificio. Sus manos eran especiales, eran capaces de crear cosas que los demás solo podían comprar. Las volvió a mirar, y su boca les hizo una promesa: "Os voy a dejar que me hagais grande". Su órgano de pensar no estaba tan de acuerdo con la promesa. Aún así, él insistía: "Preparaos pequeñas, voy a dar la cara por vosotras, solo tendréis que preocuparos de hacer magia una y otra vez, ¿de acuerdo?".

Estuvo un buen rato sin apartar la vista de sus manos, y hubiera sido un muy buen rato si Rodri no hubiera hecho su aparición:

- Estás más gordo cabrón.
- Y que tú lo sigas viendo por mucho tiempo hermano.
- Y más loco.
- En efecto.
- ¿No vas a parar?
- Jamás.
- ¿Y si tenemos que recogerte de alguna cuneta?
- Pues simplemente ten cuidado de no darme un golpe en la cabeza, estoy estudiando.
- Ya, si yo me las veo venir... ¿te he dicho que estás más gordo?
- En efecto.
- ¿Y que estás más loco que una puta cabra?
- Creo que también.
- Sigamos aguantando pues.
- Para eso están los amigos, ¿no?
- Supongo.
- Supones bien.

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