lunes, 12 de enero de 2009

Amanecer con el negro rapero


¿Qué tal majetes?

Hoy sí que he ido a la facultad. La experiencia ha sido un poco decepcionante. Me explico. Sobre las 10 de la mañana me encontraba yo en las inmediaciones del centro en cuestión, a punto de traspasar el vestíbulo principal. Desconocía entonces que una, en principio, grata sorpresa me esperaba al otro lado. Cantidades ingentes de jóvenes universitarios atiborraban el suelo del edificio, todos al parecer con una sola misión en mente y voluntad férrea de llevarla a cabo. Ilusionadamente he pensado: “Joder, ¡por fin nos hemos puesto las pilas contra la parte basuresca de Bolonia!”. Con esa idea he subido las escaleras, henchido de orgullo por el colectivo universitario al que pertenezco.

Pero una vez en clase, toda esta euforia inicial se ha esfumado en menos tiempo del que puedas gastar en decir “tengo un rabo como un demonio”:
- ¿Has visto la que hay montada abajo? Qué bueno, ¿eh?
- Ya ves tío, cuánto tiempo esperando algo así.
- Puff, este va a ser un día histórico.
- Ya ves, me moría de ganas por ver a ese negro.
- ¿Niga?

En efecto, lo que se escondía tras el tumulto no era una causa revolucionaria, ni tan si quiera una hornada de churros con chocolate cortesía del Bar Mercado, sino la visita de un afroamericano. Perfectamente podría haberse tratado de Obama, pero no. El personaje en cuestión es un actor de Hollywood que saltó a la fama de la mano del rap televisivo más conocido del planeta: Will Smith.

Una vez terminada la jornada lectiva, el caos era ya una realidad palpable. La masa de jóvenes más locos que una puta cabra, como si del ocaso de los días se tratase, se agolpaban en el tramo oscilante entre el guardaespaldas-ropero situado en los aparcamientos de la entrada, hasta la puerta del salón de actos (lugar donde se preestrenaba la película del pimpollo). He de reconocer que no había visto a tanta chavalería compartiendo una misma cara de felicidad desde que en el instituto alargaron los recreos de 15 a 20 minutos.

Yo por el contrario, me he cogido un tema de los Yes y he caminado hacia el metro. No quiero dármelas de alma antisistémica, pero lo que sí es cierto es que teniendo hambre para veinte terneros, no forma parte de mi filosofía partirme la crisma con jóvenes ultrahormonados por verle de lejos los tirabuzones a un tío que, digámoslo claramente, tiene las mismas piezas que el resto de los mortales (aunque cada cual le dé formas distintas). Y ya que estamos, aclaro que tampoco lo hubiese hecho por una zorrita de Hollywood. Quizá por una milagrosa aunque improbable resurrección del último róquer...

En cualquier caso, para mí solo hay un negro rapero de interés, y ese es Jota Calderón. Desde aquí lo reivindico.

Un saludo, brodel.

1 comentario:

EL CONCERTINO dijo...

Ni por verle los tirabuzones a Rudy Bocatorcida Fernández me espero yo entre miles de jóvenes enloquecidos....teniendo en cuenta el dato de que se tiene más hambre que 20 terneros jajajaja....