domingo, 6 de septiembre de 2009

La complicación de decir "Te quiero"


- Te quiero.
- ¿Cómo?
- Que te quiero.
- ¿Cómo que me quieres?
- Pues que te quiero.
- ¿Y por qué me lo dices?
- Me ha venido a la cabeza y lo he dicho, tampoco lo he meditado demasiado.
- ¿Bromeas?
- No, no bromeo, y deja de hacer preguntas nerviosas.
- No, perdona; no entiendo nada.
- ¿Qué no entiendes?
- Pues que creía que sólo nos estábamos divirtiendo. Un te quiero lo cambia todo.
- No cambia nada. Nos estamos divirtiendo. Y un “te quiero” es un “te quiero”.
- Sí que lo cambia, no te pases conmigo.
- Ah sí, ¿y qué cambia si se puede saber?
- Como si no lo supieras.
- No lo sé, explícamelo.
- Pues que hasta hace un momento éramos un chico y una chica que simplemente se divertían a costa de su naturaleza, estábamos a la misma altura. Ahora somos un chico que acaba de escuchar un “te quiero” y una chica esperando respuesta. Ni de coña estamos a la misma altura.
- Yo no te he pedido ninguna respuesta.
- Cuando se dice “te quiero” siempre se espera una respuesta.
- Haz lo que te dé la gana.
- ¡Lo ves! Ya estás presionándome para que responda.
- ¿Presionándote?
- No te hagas la tonta conmigo. Lo estás manipulando todo para que responda lo que quieres escuchar o que quede como el más horrible de los monstruos.
- Eso me lo vas a tener que descodificar.
- Has dicho que haga “lo que me dé la gana”.
- Culpable.
- Exacto. Si no te respondo esa será mi voluntad, y me convertiré en un desalmado al que poco le importan los sentimientos de nadie. Si te respondo algo que no es de tu agrado me habré aprovechado de la tesitura para desmerecerte, ¿y sabes lo que ocurrirá entonces?
- ¿Nada?
- ¡No! Que me convertiré en un desalmado al que poco le importan los sentimientos de nadie.
- Mira, creo que estás flipando un poco. No debería costarte tanto decir que no.
- Es que no es eso.
- ¿No me dices que no?
- ¡Ves! ¡Lo vuelves a llevar a tu terreno!
- ¿Qué?
- Pues que si no es no, es sí.
- Es lógico.
- ¡Pero es que no es sí!
- ¿Y qué diablos es?
- ¡Es nada! ¡No es nada! ¡No es sí! ¡No es no! ¡Es indecisión! Indecisión como antes de que dijeses ese “te quiero”.
- Mira, después de este baño de realidad creo que no te quiero.
- ¿Ah no?
- No, me he dejado llevar un poco por la situación.
- ¿Entonces no me quieres?
- No creo.
- Yo tampoco lo creo.

3 comentarios:

EL CONCERTINO dijo...

La banalización de un TE QUIERO es la manipulación más burda del lenguaje que puede hacer persona humana, inhumana, o zorra.

EL CONCERTINO dijo...

Q. barbarie....no tenía conocimiento de la versión de Silvio. Le da un toque rockero y semanasantero de lo más molongo.

EL CONCERTINO dijo...

El día menos pensao me meto a full monty, follaviejas, señorito de compañía de ancianas en marbella, o chofer de jeques árabes en la costa del sol con calzoncillos de hierro.