jueves, 10 de diciembre de 2009

El ambizurdismo tiene un precio

Cero coma setenta y cinco céntimos de euro para ser más exactos.

Hoy me gustaría compartir con vosotros una curiosa filosofía de vida resumida en una frase: «Sé que no te va a gustar, pero te lo enseño porque me gusta saber que sabes que me gusta».

Y para terminar, una reflexión personal subyacente de este puente: ¿por qué a los pantalones elegantes los llamamos pantalones de vestir? ¿acaso con los de chándal se nos ve la chorra?

Eso es todo. Y no olviden sonreír.

3 comentarios:

EL CONCERTINO dijo...

Yo cnd era chico tenía los pantalones de chándal con tantos agujeros que si no se me veia el pirulo, le faltaba bien poco; de tos modos no creo que fueran unos pantalones de no vestir...en fin, vaya follete que nos han metio los griegor.

dark dijo...

De chico, me cago en el pozo la legua, te 'sollabas' las rodillas, ibas a tu madre, te ponían un poco de mercromina, te cosían una rodillera en el pantalón y a correr. Se está perdiendo eso de las rodilleras, las coderas y las pegatinas para tapar rotos.

EL CONCERTINO dijo...

Yo a mis nenes cnd se sollen las rodillas los voy a poner de pegatinas hasta los guevos jajajaja....el caso es que mis chandals preferidos eran los que más parches lucían.