sábado, 15 de enero de 2011

À la cuisine


¡Oído cocina!

Porque sí amigos, ¡estamos dándole al condimento a base de bien y funcionando con los fogones a máxima potencia! El problema es que nos hemos pasado de fuego y nos hemos quemado. Ya veréis.

La entrada de hoy no tiene otro objetivo que el de romper un largo periodo de estiaje bloguero y dar los porqués de este desafuero.

En primer lugar llegó la navidad. Seré sincero, yo tenía previsto un paréntesis general para estas fechas y como podéis comprobar así ha sido. A pesar de todo sí que os puede interesar saber que Arroyo Arroya no ha perdido el tiempo, y ya en este 2011 el engranaje de la productora se ha vuelto a poner en marcha. Por lo tanto, aunque el blog haya permanecido en estado de hibernación, creo que compensa el trabajo alternativo realizado.

Lo hasta aquí descrito entra dentro de los márgenes ordinarios de la comprensión humana. Sin embargo, y como no podía ser de otra manera, posteriormente sobrevinieron una serie de problemas extraterrenales y parapsicológicos solo dignos de una persona que ha perdido coches, trenes, autobuses y demás medios de locomoción de las maneras más inverosímiles.

La idea original consistía en que el primer sábado después de reyes sería el día marcado en mi calendario para terminar de perfilar los contenidos de Arroyo Arroya. Contenidos que por otro lado os dejarán ojipláticos (término cortesía de Mikel). Pero pronto descubriría que el destino había preferido mandar mi plan a coger espárragos.

Encontrábame yo inmerso en dicho trabajo de posproducción, con el 17 pulgadas rindiendo al ciento por cien de sus posibilidades, cuando de pronto el cargador del mismo, cual queso provolone, se fundió en un instante para no volver a despertar.

He de especificar que el cargador no tenía tanto tiempo, lo compré este mismo verano en Pozoblanco. También he de especificar que me he pasado casi tres semanas en Pozoblanco, lugar en el que si se hubiera estropeado no habría tardado más de una hora en subsanar la problemática. Pero no, se rompió el mismo día en que llegué a Madrid, cuando no hacía ni dos horas que había puesto pie en la capital del estado español.

Ese mismo sábado bajo una lluvia a tener en cuenta, habiendo dormido menos de una hora y tras cinco horas de autobús, salí con el mochuelo a cuestas en busca de alguna tienda de electrónica. Al final me topé un par de ellas, pero como no podía ser de otra manera estaban más cerradas que un colegio en agosto.

Y en esas estamos, capeando el temporal con el ordenador suplente. Entre la semana pasada, esta que viene y la siguiente me juego gran parte de mis intereses académicos en este cuatrimestre, así que no prometo sacar tiempo para comprar un nuevo cargador y poder así ultimar los detalles del trabajo. En cualquier caso lo que sí que os prometo es que, en cuanto el portátil principal esté operativo y disponga de tiempo que no ponga en peligro la buena ventura de la licenciatura, lo tendréis a vuestra disposición.

Y para que nadie dude de la autenticidad de mis palabras, os dejo con un brevísimo adelanto que os evocará lo que está por venir. La concreción de esta sugestión, hasta el día de su publicación, se la dejo enteramente al buen hacer de vuestras propias cabecitas.



Que aproveche.

2 comentarios:

Mazinger dijo...

Jilleh, a ver si finiquitas eso. Yo tenía por ahí una cosa escrita, esperando a lo tuyo, pero visto lo visto, la he publicado hoy.

De todas formas, ya me contarás como llevas eso. Tengo ganas de verlo.

Un saludo

Ultrasónica (2) dijo...

El cielo está encarabincungrabado, quién lo desencarabincungrabará, el desencarabincungrabador que lo desencarabincungrabe, buen desencarabincungrabador será.

:P