sábado, 16 de julio de 2011

Simplemente, gracias

La noche estaba en calma. Al final del paseo marítimo el bullicio de los jóvenes llegaba como un susurro hasta la playa, donde las voces se confundían con el sonido de las olas muriendo en la arena. A unos metros de la orilla del mar descansaban dos camisas blancas, dos pares de zapatos y sus respectivos cuatro calcetines. Las marcas en la arena húmeda conducían directamente hasta Carlos y Alex los cuales, ataviados únicamente con unos pantalones remangados hasta las rodillas, disfrutaban del suave tacto de la arena, y del agua que les estaba helando los pies. Tras pasar unos cuantos segundos sin esbozar palabra, Carlos se decidió a romper el silencio.

—Entonces, es así como termina todo.
—¿A qué te refieres?
—A ti y a mí, aquí, en la playa, bebiendo como si no hubiera mañana.
—Carlos, no te engañes, esto no ha hecho nada más que comenzar.
—¿Y qué ha comenzado si puede saberse?
—Nuestra historia. Tú y yo solos, y el mundo a nuestros pies.
—Lo único que tenemos a nuestros pies es un montón de agua helada.
—De eso se trata. Mira delante de ti, ¿qué ves?
—Nada.
—Exacto. No se ve nada. Podemos ir donde queramos.
—A mí andar a oscuras me da cosa.
—No da cosa, da miedo, puro miedo. Pero que no veas nada no significa que no puedas seguir caminando. Vente, vamos a meternos un poco más adentro.

Alex dio unos pasos adentrándose en el mar. El agua le llegaba a la altura de las rodillas, y cuando una ola rompía cerca su pantalón se empapaba por momentos.

—Estás loco. El agua está congelada. Yo me vuelvo.
—¿A dónde te vuelves?
—Me vuelvo y punto.
—No tienes ningún sitio donde volver. Está oscuro y no se ve a nadie, pero aquí me tienes aquí. Entre los dos nos guiaremos.
—Hace demasiado frío. Me duelen mucho los pies.
—Claro que duele, amigo mío, pero es parte del juego.
—No sabía que estuviéramos jugando.
—Siempre lo estamos, quieras o no quieras. Lo bueno de jugar es que se puede ganar.
—Y perder.
—Pero si no participas ya has perdido. Si vienes te aseguro que ganaremos.
—¿Ganar qué? ¿Un resfriado? Mejor paso…
—Como tú veas, pero será divertido.

Alex se dio la vuelta y, de súbito, se lanzó contra la primera ola que le vino.

—¡Estás loco!

Alex, extasiado por la sensación que le causaba pasar de la embriaguez al frío del agua, comenzó a gritar enchido de euforia.

—¡Estás completamente loco!
—¿Loco? Esto es lo mejor que he hecho en mi vida. ¡Vente! ¡No seas tonto!
—No voy.
—¡Vente!
—No voy.
—¡¡Vente!!
—Que no voy.
—¡¡Que te vengas!!
—¡Allá voy!.

Carlos se giró y comenzó a correr contra el agua hasta desestabilizarse y caer completamente entre las olas.

—¡Dios! ¡Está helada!
—¡Está buenísima, no me jodas!
—Gracias Alex.
—¿Por qué?
—Simplemente, gracias.

1 comentario:

Mazinger dijo...

Vamos a darnos ese chapuzón muy pronto, y al contacto con el agua, nuestra vida cambiará por completo.

Un abrazo bro.