lunes, 23 de octubre de 2006

Memorias del mecánico de un arco iris negro


Me quedo mirando al engranaje celular. Segundos antes contaba con los dedos el tiempo para que la luz cediese. Ahora sé que no volverá... Debí haber aletargado aquel momento. Debí haber alargado mi mentira. Pero se terminó, ahora vuelvo a una habitación oscura donde solo cabe el sueño y la extraña melodía.

Y sinceramente, echo de menos la sensación de que todos los sentidos queden centrados en el estriado sonido. Lo echo tanto de menos que ni lo siento. ¿Por qué? Saberlo lo se muy bien, pero no quiero admitirlo. Ni tú ni tus malditos intentos van a sacarme de un problema que reside a inexistentes milímetros dentro del aquí presente.

No se de qué me sorprendo. Bueno, en realidad es que no me sorprendo. Esta vez no iba a ser distinto, aunque creo que cuando deje de llover va a salir con zapatillas nuevas. Si no son nuevas las pintaré del color del idiota al cual detesto. Algo ha cambiado.

No queda otra, vista al frente, giro, mirada sugerente hacia atrás y en marcha: ¡el camino queda abierto a tempranas horas de la mañana!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

He detectado una incongruencia en sus postulados con respecto a su post donde pide a personas para formar una banda.


-Tener un estado mental de cordura standart.
-leer vidas ejemplares de santi balmes.

Oiga, esto no cuadra demasiado.No conozco a nadie que lea ese diario que esté en sus cabales.

Atentamente.
Lord Lesbos.

Anónimo dijo...

La cordura está al borde de los nervios hoy en día y, mire usted, ¿no le parece terroríficamente interesante conocer por tan si quiera tres segundos a un especímen que crea contar con ambas capacidades?

Caray, nos estamos engañando lesbianamente...