
Esta noche he tenido un sueño bastante extraño. Les explico: La escena nos sitúa en una ártica noche gélida de esas que abundan por el mes de Enero en el centro neurálgico capital por excelencia; vuelvo de la biblioteca tranquilamente por una de las calles de Moratalaz (la de la óptica esta que tiene un doctor enorme con gafitas en la puerta creo) cuando de repente veo que progresivamente una señorita de abrigo largo y bufanda de punto se acerca hacia mí. Sin tiempo si quiera para esbozar palabra, una amarillenta pelota de tenis aparece en mis manos. No me pregunten por qué (es un sueño joder), pero me freno en seco, doy un par de pasos hacia atrás y apuntando al más puro estilo José Canseco le encasqueto la pelota en la boca a la simpática (digo yo) señora. Pero atentos, la señora se levanta del suelo, se coloca bien el abrigo y la bufanda (insisto que hacía un frío del carajo) y, sin sacarse la esfera amarilla del paladar se gira y comienza a caminar. Supuse que iba a avisar a su marido, así que decidí que era un buen momento para despertar. Desperté.
Llevo todo el día dándole vueltas, porque el tema, bajo mi punto de vista, es bastante serio. ¿Y si es una premonición? ¿Un aviso que me lanzan desde un universo paralelo avisándome del desastre inminente al que estoy abocado? No se, entiéndanme, no soy de esas personas que sin venir a cuento van dando pelotazos a la gente, y no me gustaría tener que empezar a hacer “eso” ahora (aunque las pelotas de tenis son tan... abres el bote, PLASH, y son tan suaves... y huelen tan bien...). ¿Y si resulta que en uno de mis nocturnos viajes a la biblioteca ocurre? Así, sin más ¿Qué pensará el marido de esa mujer? ¿Y si tiene represalias serias contra mí? Saben por donde vivo, y no pararán hasta que mi cabeza penda de su televisor (al lado de un trenecito que les tocó en un huevo Kinder y sobre un cubreteles de punto de cruz que la madre de la señora tejió cuando se mudaron allá en 1988).
Llamadme enloquecido, pero estoy empezando a cogerle respeto a la profesión de Recogepelotas (o ballboy diría el amigo inglés de Rosi de Palma). Nada, nada, ahora mismo raudo cual felino ibérico llamo a R. Garros para decirle que se busquen otra cobaya para sus sádicos experimentos, ¡mi culo no está en venta señor Garros!

1 comentario:
ay xiko k kurrado tienes el blog, me e entrentenido muxo leyendolo
un besazo!
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