domingo, 22 de abril de 2007

Viajar, en ambulancia


- Señora, coloque el gotero sobre la repisa, justo al lado del algodón.

Me arrepiento de tantas cosas. Siento tanto no haber pasado más tiempo contigo, no haberme dado cuenta a tiempo de cuales eran mis preferencias. Tantos eventos vanos a los que acudí, tantos momentos importantes contigo que no llegué a tener.

Te sujeto la mano y miro tus párpados adormecidos. Tengo que ser fuerte, sabes lo que pienso acerca de los lloriqueos. Nunca lloraría por algo así, podría provocarlo en cualquier momento y lo que siento en este momento es mucho más real que eso. No tiembla mi pulso. No aparto mi mirada de ti.

- No tardaremos en llegar, siga manteniendo la calma señora, lo está haciendo muy bien.

Pasan por mi cabeza los recuerdos. Aquella tarde que pasamos en el parque, tendidos en el césped, viendo como caían sobre nosotros todas esas hojas. Una noche en la ópera. Una mañana en la cama.

Solo te pido que seas fuerte, que me brindes una segunda oportunidad. Prometo abandonar todo eso que sabemos me resta mucho tiempo y que, a decir verdad, no es importante para mí en absoluto. Prometo solo decirte la verdad. Prometo no contentarte con falsas ofrendas, se terminó hacer nada que no sienta realmente. Te prometo ser yo, siempre, las veinticuatro horas.

Una oportunidad, es lo que pido. Ni una falsa lágrima, ni un seis de enero con adornos.

- No se preocupe señora, está en las mejores manos. Se pondrá bien, no tenga duda.

No hay comentarios: