miércoles, 29 de abril de 2009

Sí a los sueños, máxime desde la perspectiva racional

Encontrábase la madre preparando la comida, cuando en la cocina irrumpió de pronto el infante. El chico pedía un hacha, pues un gigante le perseguía. La madre, guiándose por el sentido común, desaprobó la idea: "un niño no debe jugar con hachas", le decía. A la insistencia del chaval, la madre alegaba el olor de la comida. El niño se impacientaba, pues su tiempo se acababa. Rogó a su madre mirar al jardín, y que fueran sus ojos los que viesen a una habichuela mágica perdiéndose hasta el fin. La mujer, que ante todo amaba al chico, hasta donde él quiso accedió a salir.

Nada, el jardín se encontraba exactamente igual que el día anterior, y el anterior al anterior.

La mujer premió a su hijo. La imaginación del infante, del trayecto que conecta las cacerolas con la puerta de la cocina, había contagiado la madurez de una mujer de familia. Seguidamente se sentaron, y disfrutaron de lo real de la historia: la comida.

El sentido común es salud mental, pues nos hace ser conscientes de que la imaginación* es la felicidad que se cultiva en la niñez, y se rescata a placer durante el resto de tu vida.

* como en su día pudiera ser la de Hans Christian Andersen.

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