Encontrábase la madre preparando la comida, cuando en la cocina irrumpió de pronto el infante. El chico pedía un hacha, pues un gigante le perseguía. La madre, guiándose por el sentido común, desaprobó la idea: "un niño no debe jugar con hachas", le decía. A la insistencia del chaval, la madre alegaba el olor de la comida. El niño se impacientaba, pues su tiempo se acababa. Rogó a su madre mirar al jardín, y que fueran sus ojos los que viesen a una habichuela mágica perdiéndose hasta el fin. La mujer, que ante todo amaba al chico, hasta donde él quiso accedió a salir.Nada, el jardín se encontraba exactamente igual que el día anterior, y el anterior al anterior.
El sentido común es salud mental, pues nos hace ser conscientes de que la imaginación* es la felicidad que se cultiva en la niñez, y se rescata a placer durante el resto de tu vida.
* como en su día pudiera ser la de Hans Christian Andersen.

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