viernes, 19 de marzo de 2010

De decoraciones ejemplares (III)


Muy buenas a todos.

He pasado unos cuantos días desconectado de la red a causa de un proyecto personal. El proyecto ha consistido en comprar ingentes cantidades de latas de cerveza de medio litro, encerrarme en mi cuarto durante cinco días seguidos y establecer un ciclo de inhibición ultrasensorial en estado continuo de borrachera/sueño. Vivir para beber, beber para dormir, dormir para vivir. Así he estado desde el jueves 11 hasta el lunes 15. El resto de días hasta hoy los he gastado en recomponerme de tamaña experiencia.

Para retomar el blog hoy os traigo una nueva entrega (la última de las que tenía en mente) de Decoraciones Ejemplares. Como ya sabréis a estas alturas, en esta concatenación de entradas me dedico a analizar pormenorizadamente elementos de la decoración del piso de alquiler en el que resido que, por su naturaleza, resultan anómalos.

El caso que nos ocupa es el de la tercera y última pared del salón (la cuarta está íntegramente ocupada por un gran mueble, del que también hemos hablado).

En una primera impresión la decorativa parece atrevida e incluso pintoresca. Pero si nos fijamos bien, rápidamente nos percatamos de que lo que podía ser un artilugio ingeniosamente ideado no dejan de ser palos atados con cordeles. Además, de ellos cuelgan enseres de toda clase, desde hojas secas hasta piñas navideñas. Aquí es cuando se empieza a perder de vista el concepto del adorno, quedando este a caballo entre lo rural, lo alimenticio, lo navideño y lo ruinoso de un presupuesto para decoración superlativamente minúsculo. Sin embargo, el punto que más me conmueve de esta composición de dudoso gusto es el papel rectangular de color rojo entramado en la columna chocesca* de la derecha, por recordarme irremediablemente a una entrada macrofiestil de BCM.

Y desde la privilegiada posición que me otorga el tiempo ocioso me pregunto, ¿de qué coño va este adorno? ¿Cuál es la razón de ser de esta amalgama elemental? Si gastáis un pequeño esfuerzo el análisis os recompensará con una metáfora viva de la contingencia de la vida moderna, de cómo los símbolos por los que nos guiamos no son otra cosa que una maraña que se desdobla al ritmo que marca la temporalidad de la sociedad. Pero yo, que soy muy vago, me quedo con que no es más que una manualidad cutremente finalizada.

En cualquier caso, no creáis que esto acaba aquí. Echadle un ojo a la maceta que adorna uno de los rincones de mi cuarto.


Efectivamente, son los rastrojos del adorno principal (el del salón). Yo lo uso como cuenco para guardar pelusas.

Otra pregunta que podría hacerme es, "señora casera, ¿a dónde va el retorno dinerario de nuestras mensualidades?"

Y para este fin de semana, un consejo: lo mejor es dormir hasta que la resaca se haya ido por sí sola.

Adiós.


*chocesco, ca. 1. adj. coloq. Perteneciente o relativo a la choza.

No hay comentarios: