lunes, 19 de abril de 2010

Ojos rotos

Esta tarde he tenido entrenamiento y para volver he cogido el autobús. Suelo hacerlo todo el año, pero especialmente en primavera, pues el agujero del Metro es absolutamente indeseable cuando los rayos del sol colorean las calles.

Mientras estaba sentado leyendo un libro de encargo se ha montado al autobús una señora. Con una apresurada mirada he calculado que la mujer tendría unos cuarenta años. Iba elegantemente vestida, pero a la vez muy sencilla. Arreglada, muy digna. Y entre sus manos un bastón blanco.

Si no hubiera sido por este detalle jamás habría vaticinado que la mujer era invidente pues, libres de cualquier telón translúcido, brillaban en su rostro dos ojos verdes absolutamente preciosos.

Unos ojos hermosos que, tristemente, estaban averiados y no cumplían su encomienda.

Lo cierto es que no se me ocurre mucho más que decir, pero pienso que mientras dure el recuerdo me detendré un segundo a reflexionar sobre lo bello que es aquello que veo.

No hay comentarios: