
Hoy ha estado por la capital el mítico Castilla (del que se me antoja que volveré a hablar en entradas venideras) con un viaje organizado por su escuela de ingenieros para una manifestación en contra de la Ley Ómnibus. Han llegado de mañana, al tiempo que yo estaba en clase. A partir de las dos aproximadamente, hora en que terminaron mis clases y la subsodicha manifestación, nos hemos juntado y hemos echado el rato. Hemos estado comiendo (más de la cuenta) por el centro y luego hemos paseado despreocupadamente.
El caso es que en la recta final de la efímera visita hemos estado por la estación de Atocha esperando la salida del tren y viendo el laguito de nenúfares, las tortuguitas graciosas, los reustarantitos careros para bobos y las demás historias que se pueden ver por ahí. Llegado el momento me he acercado a una papelera para tirar un chicle del que ya me había cansado. Ha sido ahí donde he comprobado el nivel de concienciación de España en materia de reciclaje.
El caso es que en la recta final de la efímera visita hemos estado por la estación de Atocha esperando la salida del tren y viendo el laguito de nenúfares, las tortuguitas graciosas, los reustarantitos careros para bobos y las demás historias que se pueden ver por ahí. Llegado el momento me he acercado a una papelera para tirar un chicle del que ya me había cansado. Ha sido ahí donde he comprobado el nivel de concienciación de España en materia de reciclaje.


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