sábado, 11 de diciembre de 2010

Un cuento chino

Tengo un profesor este año el cual posee una peculiar visión de la teoría de la Gestalt. Al menos yo la considero así, porque básicamente me entero menos que la sorda que vive al lado de los Salesianos (por cierto, gran divertimento infantil la puerta de su casa).

La cuestión es que además de prácticas semanales que hay que hacer en clase, la participación activa en el campus virtual y la realización de cuestionarios, el tipo nos pide también que le expliquemos de forma individual y por escrito cada una de las preguntas de los cuestionarios. Teniendo en cuenta que cada cuestionario son 10 preguntas y hay un total de 16 cuestionarios las ecuaciones son fáciles y redondas: 160 preguntas.

El problema no es tener esta cantidad ingente de trabajo sino que, rizando el rizo, él tiene que darte por superada cada una de las 160 preguntas. Si no él mismo se encarga de hacerte llegar un correo correctivo acompañado de un descriptivo a la par que imperativo “rehacer”.

Para que os hagáis idea de dónde pone el baremo este hombre os diré que llevo respondidas 13 preguntas y me ha puesto “rehacer” en todas menos en una o ninguna.

Podréis decir que soy un vago, que no entiendo bien sus explicaciones, que no pongo suficiente interés en contestar, que no me documento adecuadamente… Podréis decir lo que os salga de los cojones, pero que ahí estamos todos igual. Así que no metáis tanto el dedito en la llaga, que sois mucho vosotros de meter el dedito (automensaje: 23/11/10, fractura con desplazamiento de la última falange del meñique derecho).

Ahora bien, existe un foro anónimo de la asignatura donde unos cuantos salvajes se dedican a escribir proposiciones indecentes (y falsas según me han informado), mientras el profesor se dedica a borrar mensajes como un loco. Eso sí, el tío coge luego y los cuelga en el histórico de la asignatura. En el fondo es un cachondo.

Y… ¿a que no sabéis quién ha perpetrado el siguiente mensaje?

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UN CUENTO CHINO
Se dice que una vez, hace muchos años, hubo un alumno brillante de Erasmus Mundo que logró un hito digno de entrar en los libros de historia. Este alumno natural de Shaoshan se llamaba Mao Zedong, y firmó en España un logro reservado solo a unos pocos.

Según cuenta la leyenda Mao, en una tarde de locura extrema, envió una pregunta de los cuestionarios a su profesor de Movimientos Literarios -Don Julián Ávila- y, contra todo pronóstico, en el mensaje con el que le contestó no aparecía ni una sola vez ni la palabra “rehacer” ni ningún calificativo sinónimo que se le pareciese.

Después de esto nuestro querido amigo Mao se creció y al volver a su país lió la de Dios es Cristo, pero esa es otra historia que hoy no acontece.

Claro está, esto es no es más que una leyenda y no queda más que como una mera narrativa ficticia para la mitología de la Universidad Complutense.

Es más, hay un dicho popular según el cual Don Julián solo conoce dos tipos de calificaciones: "rehacer" y "no enviada".

Así que chicos, cuando tras treinta minutos de duro trabajo aplicando con delicadeza lo que creéis que habéis aprendido en clase no alcancéis a lograr más que un desmotivador "rehacer", no os vengáis abajo. Muy al contrario, sonreíd y sed felices pues habréis logrado la nota más alta en la ponderación humana de Don Julián: al fin y al cabo eso del aprobado no es más que 'un cuento chino'.

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