
Llevo probablemente alrededor de un año queriendo abordar este tema. Aprovechando que mañana voy a repetir una vez más mi trayecto más recurrente de los últimos cinco años os hablaré de un lugar que va a quedar irremediablemente grabado en mi memoria para siempre.
Existe un pueblo no muy grande en la frontera entre las provincias de Toledo y Ciudad Real (aunque perteneciente a esta última) que responde al nombre de Fuente el Fresno. En dicho municipio, pegado a la carretera, emerge un bar-restaurante llamado La Granja.
Existe un pueblo no muy grande en la frontera entre las provincias de Toledo y Ciudad Real (aunque perteneciente a esta última) que responde al nombre de Fuente el Fresno. En dicho municipio, pegado a la carretera, emerge un bar-restaurante llamado La Granja.

Resulta que este establecimiento es el elegido por la compañía AISA (o quien coño tome estas decisiones) para que la línea Madrid-Pozoblanco haga parada. Así pues os podéis imaginar que después de tanto viaje haya hueco en mi memoria para él.
Supongo es un bar de carretera como cualquier otro: por fuera encontrarás sus típicas sillas y mesas verdes de Heineken y sus servilleteros de IceTea, y por dentro sillas y mesas de madera, una máquina de bingo, una expendedora, una de tabaco, cuartos de baño, una barra y, cómo no, un rinconcito reservado para la venta de productos típicos de la zona.
Este último es uno de los que más me llama la atención. Está situado justo a la derecha de la entrada y se compone por una pequeña barra refrigerante y una estantería. Se venden dulces de muchos tipos (miguelitos, perrunas…) y, por supuesto, los Quesos Apolonio. Me llama mucho la atención esta marca, pues la casta que tiene la presencia del Agüelo Apolonio en el envasado es absolutamente inapelable. Solo hay que echarle un ojo a la fotografía.
Supongo es un bar de carretera como cualquier otro: por fuera encontrarás sus típicas sillas y mesas verdes de Heineken y sus servilleteros de IceTea, y por dentro sillas y mesas de madera, una máquina de bingo, una expendedora, una de tabaco, cuartos de baño, una barra y, cómo no, un rinconcito reservado para la venta de productos típicos de la zona.
Este último es uno de los que más me llama la atención. Está situado justo a la derecha de la entrada y se compone por una pequeña barra refrigerante y una estantería. Se venden dulces de muchos tipos (miguelitos, perrunas…) y, por supuesto, los Quesos Apolonio. Me llama mucho la atención esta marca, pues la casta que tiene la presencia del Agüelo Apolonio en el envasado es absolutamente inapelable. Solo hay que echarle un ojo a la fotografía.

Recuerdo que Manolo, un conductor de la línea ya jubilado, en una ocasión me impartió una lección magistral sobre las diferentes tipologías de Quesos Apolonio y también cuál era el que más le gustaba a su mujer para cenar.
Aunque él lo desconoce le tengo un gran aprecio a Manolo. En una ocasión tuve un viaje particularmente solitario. Nos montamos en Madrid yo y una pareja. En Puertollano se montaron un par de mujeres. Al llegar a Torrecampo bajaron los cuatro y nos quedamos solos Manolo y yo. En el trayecto de Torrecampo a Pozoblanco me contó entre otras cosas la de aquella vez que le echó cojones y, con ayuda de unos parches, dejó definitivamente el tabaco. Y yo que lo recordaré siempre.
Allá donde camine, que todo le marche a pedir de boca Don Manuel.
Por último compartir con vosotros un secreto. Si en alguna ocasión paráis en La Granja y entráis en el cuarto de baño olisquead con intensidad: es el único cuarto de baño del mundo en el que, inexplicablemente, siempre huele a gusanitos.
Hasta mañana.
Aunque él lo desconoce le tengo un gran aprecio a Manolo. En una ocasión tuve un viaje particularmente solitario. Nos montamos en Madrid yo y una pareja. En Puertollano se montaron un par de mujeres. Al llegar a Torrecampo bajaron los cuatro y nos quedamos solos Manolo y yo. En el trayecto de Torrecampo a Pozoblanco me contó entre otras cosas la de aquella vez que le echó cojones y, con ayuda de unos parches, dejó definitivamente el tabaco. Y yo que lo recordaré siempre.
Allá donde camine, que todo le marche a pedir de boca Don Manuel.
Por último compartir con vosotros un secreto. Si en alguna ocasión paráis en La Granja y entráis en el cuarto de baño olisquead con intensidad: es el único cuarto de baño del mundo en el que, inexplicablemente, siempre huele a gusanitos.
Hasta mañana.

1 comentario:
No te voy a contar que esta tarde he visto en una carnicería de tu pueblo este mismo queso, no, no te contaré eso.
Vengo a contarte que el Agüelo Apolonio, ahí tan campechano donde lo ves, tiene versión 2.0 para ocasiones especiales: Queso Don Apolonio.
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