lunes, 26 de septiembre de 2011

Chiste I

El local estaba cuidadosamente envuelto por la deleitosa melodía de la banda de jazz. Los sonidos se paseaban entre los allí presentes uniéndolos hasta hacerlos formar parte de una misma colección de seres. Lo que de puertas para fuera no estaba siendo más que un simple momento, la música lo había convertido para ellos en varios segundos de la mismísima eternidad.

En mitad de aquella escena se encontraron dos miradas. Carlos, un joven de piel clara y cabeza desordenada, guiado hasta aquel lugar por el mero impulso de su instinto. Unas mesas más allá, sentada sobre la más digna de las posturas, acudió al cruce la mirada de Marga, una joven de pelo negro que jamás faltaba a la cita cuando la música llegaba allí una vez sí y otra también.

Donde faltaron las palabras sobró la comunicación.

Carlos se levantó de su silla y sin mostrar en su firme paso un atisbo de duda se plantó frente a la mesa de Marga. Tras varios segundos de ojos anclados los unos sobre los otros, Carlos alargó su brazo hasta quedarse a varios centímetros del brazo de Marga. Ella puso su mano sobre la de Carlos y se levantó. De pronto sus cuerpos habían quedado separados por la distancia de un suspiro. Tras alejarse del mundo entero con apenas tres pasos los dos comenzaron a bailar. Se movían tan despacio que todo a su alrededor se detuvo. Marga podía sentir el calor en el pecho de Carlos. Él la abrazaba como el que abraza un tesoro más preciado que la propia vida. Y así, muy poquito a poco, pasaron por allí tres o cuatro infinitos.

Y todo aquello, sentido como el más vivo de los recuerdos, habiendo sido tan solo un cruce de miradas.

2 comentarios:

Mazinger dijo...

Deja ya de escribir de mi vida, que me las vas a espantar xD.

dark dijo...

No seas ególatra ni abuses del cinismo, pues para espantarlas te sobras y te bastas.