
Agarré mi abrigo y salí de la estancia.
- Adios muy buenas, señores, yo me largo.
Y es que aquél viejo pasado de rosca ya me estaba poniendo de los nervios con tanto chistecito. En serio pienso que hay personas fabricadas de una materia superespecial, la cual tiene la capacidad de colmar paciencias y entrometerse en millones de vidas ajenas. La noche algo fresca, sin llegar a ser molesta. No se, el aire enrojecía mi faz, pero a la vez servía de motor, una vez más, como si levitase. Todo estaba en paz, simplemente el pasar de algún esporádico coche alteraba la calma. Momentaneo.
Las farolas se sucedían. Fue a la decimoquinta cuando alcancé a ver una sombra. No me pregunten por que, pero aquella imagen me fascinó. Aquella silueta que se encontraba entre la luz y la más tenue oscuridad permanecía inmóvil. Me hice a un lado. Abandoné la acera y me adentré en un tramo de hierba. Reposé mis manos sobre el seto y a su izquierda arrojé mi mirada sobre la imagen. Como un tren de cercanías atravesó durante un segundo (instante) en mi mente aquella frase... "obscinado en mantenerte como un viento a mi lado".
Aquél momento fue para mí. Sentí que nadie jamás podría arrebatarmelo. Me volví y me senté sobre el húmedo césped reposando la espalda en el seto y la cabeza levantada hacia el cielo estrellado. Aquella noche los colores se fundieron con la oscuridad. Cerré mis ojos y volvió a sonar, como un reflejo.
Creo que aquello jamás llegó a ocurrir. Puede que fuera un efecto secundario de alguna buena canción que calló en mi memoria y que pretende salir.
¿Un sueño dices? ¿Por qué no? ¿Quieres acompañarme?

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