
Estaba hundido... Se le habían arrebatado todas sus inquietudes. No era la primera vez que pasaba por ello. Su barco volvía a estar en el fondo marino. Sus posesiones, flotando a nivel del mar, tambaleándose de un lado a otro. Su vida, bueno, compacta en una caja de zapatos...
Aquel día vagaba por las calles. El día era soleado, e incluso algún pájaro, con su melodía desinteresada, intentó en vano alegrarlo. Pero él estaba hundido y hundido se sentía. Sabía que en algún momento esa sensación cesaría (siempre lo había echo) pero sabía hoy no llegaría ese momento. Él quería estar hundido. Cada idea que tiempo atrás era convertida en enriquecimiento de aquellos que tenían la oportunidad de avecinarse era aplastada en fragmentos de segundo.
La pasada noche él había asesinado a alguien. Las voces lo traicionaron, lo llevaron a aquella situación y cesaron justo cuando más las necesitaba. Estaba solo. Corrió durante toda la noche, pero aquello no terminaba con esa sensación que pegajosamente se le adería e inundaba su cuerpo. Atravesaba una y otra línea de luz marcada por las farolas en las andrajosas calles oscuras de su más profundo inhumano. Miraba atrás mientras corría. Aquella calle no terminaba nunca...
"...de rojo te ves bien, combina con tus ojos y tu piel, de rojo te ves bien, rojo sangre..."
No tenía tiempo para seguir transformando su subconciente en realidad. Sabía que le acompañaría mucho tiempo... pero el tiempo de creación terminaba 7 minutos después...
"...porque tú, muerto ya estás, muerto estarás, puedes estar tranquilo pues solo en sueños me atrevo a matar..."
Disculpa los malos pensamientos - Panda

No hay comentarios:
Publicar un comentario