viernes, 16 de octubre de 2009

Como las cosas importantes

Acabo de hacerme eco de la triste —de repente esta palabra se ha quedado miserablemente corta— y aun espero que todo se trate de una broma de mal gusto. No doy crédito. Es imposible dar crédito. Hace apenas una semana estaba rastreando tu web, diarios digitales y wikis haciendo cábalas sobre tu futuro profesional, y hoy el mismo se corta como una fina tira de celofán.

Amigo Andrés, esta vez te has pasado. ¿Así que de esto se trataba? ¿Este era tu verdadero plan? Porque si era así, te ha salido al milímetro, como un triple imposible sobre la bocina: ninguno fuimos capaz ni de preverlo ni de prevenirlo.

Si lo estudio con más detenimiento, resulta obvio que muchos de los pasos ya estaban dados. Viviste una NBA que, sencillamente, no se volverá a repetir. Viste a ese joven neoyorkino irse a Carolina del Norte. Después lo viste llegar, vestirse de rojo y convertirse en el mejor de todos los tiempos. También viste a la generación del nuevo siglo. Pudiste vivir los tres anillos de Kobe y Shaq, la pareja que ya es historia. Luego viste a Duncan ponerle techo a la liga. Luego el aterrizaje de E.T…

Tras muchos años de más de mediasnoches, te alejaste de toda esa camarilla para desafiar una —relativamente— nueva disciplina. Pero en el fondo el baloncesto siempre lo tuviste ahí, ¡y de qué forma! Pudiste vivir los tres momentos más históricos de la selección, tres hitos como tres soles. La leyenda estaba escrita, y dificilmente se volverá a repetir. Una vez más tu trabajo estaba completo.

Y como un preludio extensible, así dijiste adiós: «Yo me despido de todos ustedes, es mi última retransmisión con LaSexta, y voy a decir lo mismo que decía hace tres años y pico, cuando vine aquí a LaSexta: “la vida puede ser maravillosa”».

Me pongo a pensar y los recuerdos inundan mi cabeza... madre mía ¡cuántas madrugadas de fin de semana pegado a la tele con el Plus en comunidad! Como un mico, sin haber probado la cerveza y velando hasta las tres o las cuatro de la mañana para ver los partidos de la NBA. Está claro que, por muy buen baloncesto que se jugase en la cancha —y evidentemente no siempre fue así— los dos teníais gran parte de culpa de las ojeras del día siguiente.

Es que joder, esto es para cabrearse. ¡No es así como ocurren estas cosas! Te explico. En primer lugar deberías haber esperado unos meses más, relajado, manteniendo la incertidumbre. Qué te voy a decir yo, hasta Navidad por ejemplo. Como regalo de Reyes, ¡zas! «Montes ficha por…». Y la rueda vuelve a girar. Y así durante —al menos— diez o doce años más, con idas y venidas, más gritos, más apodos, más himnos de guerra, muchas más incorrecciones… Esta habría sido una justa y razonable ventaja. Llegado el momento, aceptaríamos tu retiro profesional. Nos costaría, pero acabaríamos haciéndonos a la idea. Y te lo perdonaríamos. Te seguiríamos viendo en alguna entrevista o colaboración para radio o televisión, divirtiéndonos como tú bien sabes. Otros veinte o treinta años más, para que cuando de verdad afrontar esto fuera inevitable, tuviéramos a mano una legión de hijos, nietos y biznietos a los que relatarles tus más épicas batallas.

Sin embargo, nos has dejado a todos con la misma pregunta por responder: «¿qué será lo próximo?».

En cualquier caso no eres ninguna deidad, cometes errores como cualquiera y llegado este momento he de confesarte algo: tu plan ha fallado. Para aclarar esta afirmación te contaré una breve pero intensa historia personal. La semana pasada recibí una llamada. Se me quería informar de algo. Podría detallarla, pero creo que simplemente reproduciendo las siguientes palabras resultará más que suficiente: «Chantal está embarazada, vas a tener un hermanito o una hermanita». Así es amigo Andrés, voy a ser hermano a los 22. Es sin duda la mejor noticia que me podrían dar, ¿no lo crees?

Y es que a fin de cuentas estamos hablando de lo mismo, aquello que siempre supiste infundir en tus retransmisiones: la alegría de vivir. ¿Qué importa si el autobús se retrasa, si nos pisan por la calle o si hemos olvidado las llaves de casa? A fin de cuentas las noticias importantes llegan así, de improviso, sin poderlas remediar.

Hermano a los 22… jaja, y Andrés, algunos todavía dudan que la vida puede ser maravillosa…

3 comentarios:

Delfín.fr dijo...

Quizá después de todo no fuese tan maravillosa, o quizá llegó la hora. Aunque eso esta noche poco importa.

EL CONCERTINO dijo...

Andrés sencillamente era y será, para siempre, un puto genio sin precedentes. ¿Por qué? Pues sencillamente porque ha hecho una cosa que nadie podrá hacer jamás: hacer el baloncesto más divertido de lo que ya es.

Andrés Montes para siempre con nosotros.

Jordi Mestres dijo...

Amén amigo... Amén.