martes, 13 de diciembre de 2011

Combustión espontánea. Día 2. Un arranque de la polla.

Me dispongo a abrir el libro. Como ya me había anticipado Antonio la edición tiene encanto. Se trata de un encuadernado en cantoné, con fondo de color negro y letras en brillantina dorada.

He quedado en poco más de una hora, pero aún así creo que ha llegado el momento de empezar a leer.

En el prefacio el primero en hablar es Robert Matheu. Cuenta de manera escueta parte de su experiencia personal para con Stooges, pero Antonio con el que me ha puesto los dientes largos es con Jaime Gonzalo, y estoy ansioso por que comience su baile.

El siguiente es Oriol Llopis, del que se puede leer ya algo en la contraportada. Como si de un aliado de Ajota se tratase, Oriol cita por primera vez parte de las palabras de Jaime Gonzalo, más concretamente las referentes al primer concierto de los Stooges del que el autor fue presente.

A partir de ahora el que escribe es el mismísimo Jaime Gonzalo.

El arranque es abrupto, y tiene a la polla de Iggy como protagonista. No sé qué tío dice que se la querría chupar. De lo siguiente Antonio ya me había contado algo, y es que al parecer Iggy tenía una herida en el glande. Debido a ello necesitaba ahogar a diario su miembro en agua oxigenada, tarea para la que necesitaba ayuda externa. Jaime Gonzalo cuenta la vez que le tocó, y nunca mejor dicho, echarle una mano al bueno de Iggy. Dudoso privilegio éste.

Seguidamente se cita algo de lo que una vez más Antonio ya me había puesto sobre aviso. Se trata del lema de la gira europea de 1981 acuñado por la banda: whatever you do don’t tell Jim. Hagas lo que hagas que no se entere Jim (James Newell Osterberg Jr., Iggy Pop).

Gonzalo rememora sus primeros acercamientos a la banda. Habla de una España retrasada y de posibilidades reducidas. Dadas las limitadas opciones se unió al Iggy Pop Fan Club parisino con el único fin de estar algo más cerca del universo de la banda. Como era de esperar lo que allí encontró no fue más que una desordenada y desorbitada adoración por Iggy, basada en el fetichismo y la superficialidad. Y así fue hasta que Iggy dejó de parecer una figura de fetiche. Llegados a este punto la superficialidad hizo crisálida, y el capullo club de fans se rompió para siempre dejando de nuevo a Gonzalo libre como una mariposa.

Mi cita es en un cuarto de hora. Mañana terminaré con el prefacio.

1 comentario:

Mazinger dijo...

Jajaja de Iggy Pop se cuentan chismorreos en todos los patios.

También leí alguna vez por ahí, que la pobre mujer de Mick Jagger los pilló a ambos en la cama en una situación más que amistosa xD.