jueves, 28 de enero de 2010

Anuncio preocupante

Me llamó la atención el anuncio que encontré esta mañana en la parada del autobús. Como habrán podido suponer es el de la fotografía, puesto que resultaría estúpido hacer referencia a un anuncio e ilustrar otro diferente. Aún así lo aclaro, puesto que este es un blog abierto a toda clase de encéfalos.

He desarrollado el análisis en dos fases: los requisitos buscados en el inquilino y las características del ambiente de convivencia.

Lo primero a destacar por tanto es eso de que busquen a persona sola. A persona son preposición seguida de sustantivo en singular, es decir, ya de por sí limitan la búsqueda a un individuo. Redundar en el número resulta del todo ilógico, por lo tanto llega el momento de buscar una acepción para el sustantivo sola adecuada al contexto del anuncio, y que omita cualquier especificación cuantitativa. La única resultante es la siguiente: que no tiene quien le ampare, socorra o consuele en sus necesidades o aflicciones. Si continuamos leyendo comprobamos que las otras dos condiciones necesarias son ser una persona responsable y seria. Llegados a este punto sobra decir que no sólo buscan al compañero de piso más aburrido del planeta, sino que también alguien que de lástima, alguien con quien se puedan comparar en esos días de bajón para subirse la autoestima.

En segundo lugar lo correspondiente al buen ambiente familiar y pocas personas. Esta parte es realmente preocupante. ¿Acaso es atrayente un ambiente familiar por muy bueno que sea si tú no formas parte de dicha familia? No me digan por qué, pero la idea no me atrae una mierda. Y lo que sin duda más me ha mosqueado del anuncio: pocas personas. ¿Pocas personas? ¿Pocas personas comparado con qué? ¿Con una puta romería? Pongamos por norma que los habitantes de un piso normal puedan oscilar de media entre las 2 y las 5 personas. ¿Si el número de habitantes del piso del anuncio estuviera en ese parámetro no habría sido más fácil indicarlo? Existe pues un claro miedo a especificar el número real de inquilinos. En lugar de ello han sustituido el dato por el ambiguo adjetivo pocas. Ofreciéndoles el mejor margen posible yo me atrevería a decir que en ese piso viven, por poco, 6 personas. Eso, si bien son pocas personas, componen una familia numerosa de categoría especial.

Y yo me pregunto, ¿compensa entrar a vivir con la tribu de los Brady sabiendo que te consideran un ser triste, depresivo y sin amigos?

Hasta aquí la reflexión del día. Que maten bien el mes de enero.

domingo, 24 de enero de 2010

De decoraciones ejemplares (I)

No sé si os he hablado alguna vez de la decoración de mi piso. Probablemente alguna vez haya tocado el tema de un modo periférico, pero nunca creo haberlo abarcado directamente. Así que allá voy.

Todo comenzó en agosto de 2008. Aquel verano había abandonado mi anterior piso básicamente por encontrarse a unos doscientos mil kilómetros de distancia de la facultad. Contacté por teléfono con dos chavales a los que les había quedado libre una habitación. El piso, en cuanto a localización, estaba a entre quince y veinte minutos de la facultad. Además era más barato que el anterior, así que todo perfecto.

Cuando visité el piso por primera vez me pareció bonito, diferente e incluso, moderno. No sé si fue porque en mi anterior piso la decoración además de recargada se basaba en un rancio gotelé, punto de cruz sobre sillones y sofás, y vírgenes y cristos en la denominada Habitación de los Horrores; o porque en la habitación que alquilaban había una tabla a apenas veinte centímetros en dirección ascendente desde la almohada. En efecto, hasta que una tarde-noche de diciembre Nacho y yo destruimos ese enorme mueble, me golpeé la cabeza siguiendo una media de unas cuatro o cinco veces por semana. Por cierto, esa misma tarde-noche conocí a El Puto Loco, El Acuchillador, pero eso es ya harina de otro costal. En cualquier caso el resto de la decoración no me llamó la atención.

Ante todo no me malinterpreten, no quiero decir que la decoración sea fea o antiestética. Es simplemente peculiar.

Todo este rollo de la decoración no lo descubrí al momento. De hecho no fui yo el que lo descubrió. Al contrario, se ve que cuando hube solucionado los problemas de mi propio cuarto ya me había acostumbrado al resto de elementos del piso.

Tuvo que pasar casi un año para que descubriésemos algunas cosas —Nacho llevaba en el piso un año más que yo, lo que tiene si cabe más delito. Y es que no fue con la llegada de un nuevo compañero allá en el mes de febrero (Vera), no. Tuvo que llegar el verano, y con él Mikel, un tipo de lo más observador.

Recuerdo aquella tarde. Estábamos en el salón tomándonos unos sandwitches de pechuga de pavo y queso que Mikel había comprado —cómo se te echa de menos— cuando de pronto dijo algo así como:
— Tíos, ¿qué cojones es eso?


Se refería a lo que a partir de entonces comenzamos a denominar El Cásper. El Cásper es un recorte de cartulina, a caballo entre el arte moderno conceptual y el desecho inútil. Yo no supe qué responder, porque la verdad es que por más que lo miraba no le encontraba más utilidad que la decorativa, lo cual era sobrevalorar descaradamente la belleza del bicho en cuestión.

Como ni yo ni por supuesto Vera sabíamos qué carajo representaba aquello, fuimos a preguntar al más veterano del lugar. Nachete, cuya sabiduría no conoce fronteras, nos aclaró el dislate. Al parecer Julito, antiguo inquilino y amiguete de Nacho, tuvo una iluminación creativa a los pocos días de haber alquilado el piso. Pensó que sería bonito hacer unos recortes amorfos de cartulina sobre los que poder pegar fotografías, dándole así un tono más cercano y confortable a aquella residencia lejos del hogar. Sobra decir que la idea se quedó a medio ejecutar.


En cierto modo, conociendo a Nacho, me sorprende que El Cásper haya aguantado en nuestras paredes más de dos años. Pero ahí sigue, tan firme como el primer día y sólo Dios sabe por cuánto tiempo...

jueves, 21 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

Nueva adquisición

He realizado un nuevo fichaje para este blog. Como me parecía que la ocasión lo merecía he intentado fotografiarlo. Este ha sido el resultado.




Como podéis comprobar, el resultado ha sido más que decepcionante. Justo cuando iba a desistir en mi empeño he recordado que mi compañero de piso tiene terminado un ciclo superior. Le he comentado la historia y, no sé cómo, pero ha conseguido echarle una foto al objeto en cuestión.


Desconozco cómo lo habrá hecho, pero no hay duda de que lo ha logrado. Sí señor. Sólo tengo que decir que mi cámara no es de la marca Kabok, pero en fin, no le podemos exigir más a las enseñanzas técnicas...

Un saludo chavales.

jueves, 7 de enero de 2010

Tres relojes


En mi casa tenemos tres relojes. Ninguno de los tres funciona. No sé si van con pilas o con otro sistema. Lo cierto es que desde que tengo uso de razón ninguno de los tres ha puesto interés en mover su minutero.

Los tres relojes están en la misma pared y me gusta que sea así. Con un simple vistazo puedo asegurarme de que las horas siguen sin haber avanzado un solo segundo. Diferentes entre sí, siempre igual de diferentes. Depués me siento frente a ellos y dejo volar la imaginación. Lo primero que suelo hacer es averiguar a qué parte del mundo pertenece la hora de cada reloj en ese momento. Nunca compruebo después si he acertado o errado. Una vez tengo los tres lugares, pienso en un niño para el primer reloj, un adulto para el segundo, y un anciano para el tercero. Más tarde los describo muy detalladamente, cada fragmento de imagen formada en mi cabeza, como si del mejor documental de la historia se tratase. Es este un ejercicio para la mente: alojar en ella a personas de todas las edades y partes del mundo hace que se estire, que se dé de sí, hasta que un día sin darte cuenta se abra por completo y para siempre.

Luego vuelvo en mí por un instante y me doy cuenta de todo aquello que puedo mejorar en mi vida y todo aquello por lo que puedo dar gracias. La experiencia me dice que mis errores y mi fortuna están equiparados en un gran número de ambos. Es asombroso que, mirándome al espejo, no me haya convertido en un imbécil absoluto.

En mi casa tenemos tres relojes. Ninguno de los tres funciona. No sé si van con pilas o con otro sistema, y a decir verdad, no tengo intención de comprobarlo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

¡Será pellejo!

Yo nací a mediados de septiembre. ¿Sabéis qué ocurre a mediados de septiembre en este país? Comienzan las clases en los colegios. Para ser exactos nací un día antes del inicio de las clases. El dato os puede parecer una chorrada pero os aseguro que para mí, durante muchos años, no lo ha sido ni lo más mínimo. Aún no sé muy bien por qué, pero cuando eres niño y cumples los años un día antes de que empiecen las clases el resto de chavales te culpan por ello. Supongo que verán una traición en que, un día antes de iniciar una rutina de frío y madrugueo matutino, tú te dediques comer gusanitos, dispensar globos por toda la casa y a darle hostias con el palo de la fregona a una piñata. Puede que eso explique el alto grado de absentismo en mis fiestas y la porquería de regalos: bolígrafos, estuches, agendas, libretas... Mis cumpleaños siempre han sido un fracaso. Cuando cumplí los catorce desistí y dejé de celebrarlos.

Y es que los niños son muy crueles. Ya lo decía la canción: «los niños lo que son es unos hijos de la gran puta». Algo así creo que decía. Un día cualquiera se podían acercar a ti y decirte:
—Ayer te vi con Marta.
—¿Qué Marta?
—¡Una mierda así de alta!
Cuando estaba en preescolar, observad la precocidad de la cabronía, una niña se me acercó presta y me dijo.
—Dime «¿qué pasa?».
—Qué pasa.
—¡Un burro por tu casa! Y ahora dime «vete a la mierda».
—No.
—Venga, ¡dímelo!
—Que no.
—¡¡Vengaa!!
—Vete a la mierda.
—¡Vete tú que estás más cerca!
Por suerte la vida es justa. La niña creció y se quedó embarazada con dieciséis años. Ahora es ella la que está en la mierda, concretamente en la cúspide más alta de un monumental y fastuoso boñigo de triceratops.

Otro día, en el oratorio, estaba mi grupo (Dinamismo) jugando a fútbol sala contra otro (como no me acuerdo pondremos Bondad, por ejemplo). Yo que siempre he sido un paquete en casi todos los deportes, estaba de portero. Tras atajar un impresionante disparo (no, tampoco me acuerdo de eso), me viene un chaval del otro equipo y me dice: pásamela, que me he cambiado de equipo. Yo se la pasé, pero resultó ser un vil embaucador. Me marcó y el gol subió al marcador. Desde aquel día dejé el oratorio y perdí la fe en la religión católica.

Cartucho, cartucho que no te escucho; cartero, cartero que no me entero; palomita blanca, palomita azul, todo lo que digas lo serás tú; tonto el que lo lea; ¡psisst! ¡que te meo! (este acompañado de un gesto); rebota, rebota y en tu culo explota; chispa-calambre… Todas estas mariconadas no pueden ser otra cosa que hijoputez en estado puro, no me jodas.

Ahora me estoy tomando un Cola-Cao de puta madre, será eso.

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Pellejo: 6. m En tarugo, dícese de aquel infante que acomete una trastada lo suficientemente grande como para joder, pero no lo suficiente como para merecer castigo por ello.

jueves, 10 de diciembre de 2009

El ambizurdismo tiene un precio

Cero coma setenta y cinco céntimos de euro para ser más exactos.

Hoy me gustaría compartir con vosotros una curiosa filosofía de vida resumida en una frase: «Sé que no te va a gustar, pero te lo enseño porque me gusta saber que sabes que me gusta».

Y para terminar, una reflexión personal subyacente de este puente: ¿por qué a los pantalones elegantes los llamamos pantalones de vestir? ¿acaso con los de chándal se nos ve la chorra?

Eso es todo. Y no olviden sonreír.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Menos diestro que ayer, pero más que mañana


Hoy, y progresivamente a partir de ahora, voy recuperando mi inestimable condición ambizúrdica.

Pero contadme, ¿qué tal habéis empezado la semana?

jueves, 19 de noviembre de 2009

Más diestro que nunca


Desde el viernes pasado, no sé por qué, me siento más diestro que en todos los días de mi vida...