
Vaya look moderno que le he puesto a esta historia, así como el que dice sin decir, dejando caer que... está bien, lo solucionaré cuanto antes.
Un saludo jóvenes.


Hoy ha nevado en Madrid. A la mayoría de las personas les apasiona la nieve. He de confesar que aunque no la odie, no despierta en mí un especial interés. Considero que la nieve es un elemento agradable a la vista, pero que ofrece una precaria funcionalidad. Qué se le va a hacer, crecí con un tono moreno de piel, y sin lugar a dudas, no hay cosa que más me guste que freír huevos sobre el lóbulo de mi magmática oreja mientras tomo el fresco sobre el "batior", a ser posible en el Agosto de un año cualesquier.
Él era un chico joven, de aquellos que son considerados morenos de pelo y normales en todo lo demás. Pues bien, él perdió el habla. Meses enteros pasó el joven, moreno y normal sin pronunciar palabra alguna. A pesar de ello, no se reprimió en expresarse: Sonría. Sonreía como nadie lo había hecho jamás. Las gentes del lugar comenzaron a extrañarse. El joven, moreno y normal pasaba los meses callado y sonriendo. Podría decirse que ante todo, era feliz. Muchos fueron los que se acercaron para investigar la extraña costumbre, tan repentina como rotunda. El joven, moreno y normal siempre reaccionaba igual ante los curiosos, y ellos se volvían con la más satisfactoria de las respuestas.
La verdad es que no supe muy bien cómo llegar. O eso, o lo supe toda mi vida. Es cierto que alguna indicación difusa creí seguir, pero aún hoy no lo tengo del todo claro. El caso es que lo encontré y, esta vez si, era tal y como yo me esperaba. Todo fluía a un margen de error ínfimo al comparar con lo que había dibujado en mi cabeza. Supongo que no fue el mejor momento de mi vida, pero si uno que recordaré siempre. Me sentí de puta madre.
Justo en ese instante, él se preguntó qué es lo que ella estaría haciendo. Supuso que dormiría. Supuso que los dos estarían rodeados por la misma oscuridad, esa oscuridad en la que si te esfuerzas, eres capaz de vislumbrar las formas. Sin lugar a dudas, ese era el lugar donde mejor se sentía. Le reconfortaba abrir los ojos y saber que si ella también lo hacía, ambos no verían más que sombras desordenadas e imágenes que desde hace unas horas perdieron su significado.
Se miró a las manos. Eran su único y mejor artificio. Sus manos eran especiales, eran capaces de crear cosas que los demás solo podían comprar. Las volvió a mirar, y su boca les hizo una promesa: "Os voy a dejar que me hagais grande". Su órgano de pensar no estaba tan de acuerdo con la promesa. Aún así, él insistía: "Preparaos pequeñas, voy a dar la cara por vosotras, solo tendréis que preocuparos de hacer magia una y otra vez, ¿de acuerdo?".
Hoy la vida me ha dado una nueva lección, y además como más le gusta darlas: Un momento cualquiera de no se sabe muy bien qué día.
Amigos, la historia que acontece es una vieja leyenda que solía contarse desde tiempos inmemoriales en los aledaños del pueblo escocés de Durnnes. El cuento relataba los desdenes de un monstruo de aspecto horripilante, con rostro desfigurado y alimentado a base de carne humana. Se usaba principalmente para condicionar la conducta de los niños acerca de aquellos comportamientos que los adultos creían inadecuados, usando la figura del monstruo como castigo a dichas formas de conducta. A día de hoy todavía se desconocen muchos datos sobre la génesis de la leyenda. Partiendo de la fecha, a pesar de que no se ha conseguido establecer con exactitud, la mayor parte de los estudios concluyen que tuvo un gran arraigo allá en la Alta Edad Media. Su autor es completamente desconocido, aunque la intuición nos hace pensar que pudiera ser algún iluminado juglar de la época. En cuanto a la existencia real, algunos creen que el monstruo pudo ser algún ser huraño con malformaciones, otros que es mera ficción. Lo que sí es verdad es que la leyenda se ha ganado el interés de historiadores, escritores, sociólogos y personajes ilustres en general del mundo de la cultura universal.