domingo, 10 de febrero de 2008

Cheque al portador


Hacía tiempo. No se cuanto, pero mucho tiempo. El fatalismo es el único método que me siento capaz de usar, pero no creo que sea justo asirse a él. No se cuan jodido puedo creerme en este preciso instante, impotente al no saber sobreponerme una y otra vez a las mismas dificulades, pero qué cojones, ¿dificultades fueron problemas? ¿Quién lo hizo ser así? ¿Cuándo? Y es que no resulta complicado creerte hasta los cojones llegado el momento, puede que sea una sensación tan humana como la irritación madrugonera, pero de ahí a sacar valor para quejarse de ello... Me gusta señalar interiormente con el dedo a los hipócritas. No me gustaría que la próxima vez ese dedo enfocase un espejo.

No siempre hay motivos para actuar en positivo, pero no me creo en ese grupo. Es más, me creo alejado. Y si la noche te deprime, la alineación de los planetas no es de tu gusto o tu vecino te despierta a las nueve de la mañana a ritmo de Black&Decker cágate en la puta, destroza tus nudillos contra el gotelé, rezuma tu sub-woofer contra la quijotera del viejo de abajo en un claro ejercicio de mala hostia, o lo que putamente te de la gana, pero ten en cuenta algo: Tú no eres la víctima.

El cheque de la cabronía gasta tu huella, y lo sabes. Úsalo.

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