jueves, 27 de mayo de 2010

Macarrones de calidad


Hoy he comido macarrones a la darkwin, que es una forma que me he inventado yo de comer pasta pero engordando mucho. El caso es que he terminado el paquete que había empezado y me ha tocado abrir uno nuevo. Por cuestiones de la vida, el antiguo era de la marca Alipende (la marca de distribuidor de Ahorramás) y el nuevo, bueno, el nuevo no sé de qué marca es.

Conforme estaba sacando los paquetes me he fijado en ellos y ha saltado en mí un resorte, algo que venía observando subconscientemente desde hace algún tiempo y que hoy se ha convertido en un asunto de relieve: ¿por qué toda la pasta, compres la marca que compres, es de calidad superior?



Puede que esta cuestión os parezca una tontería. Que no os lo parezca, lo es. Pero ya que reflexionamos en torno a ella plantearé algunas cuestiones más. ¿Calidad superior a qué? ¿Existe la pasta de calidad pichí pichá? Si nunca se comercializa pasta de calidad inferior a la superior, ¿cómo podemos estar seguros de que lo es? ¿Puede que esto de la calidad superior de la pasta sea sólo una estratagema hiperbólica más de la mercadotecnia? Y si es así, ¿no subirían las ventas de una marca concreta si antes del adjetivo “superior” colocaran, por ejemplo, el adverbio “muy”? Puestos a exajerar, ¿por qué no poner "calidad asombrosa", "calidad insólita" o "calidad suprema"?

Hasta aquí.

Que tengáis un buen jueves.

domingo, 16 de mayo de 2010

Helena o el mar del verano


La traca final estudiantil ha llegado. Vuelven las interminables horas dando cabezazos en la biblioteca, los alucinantes hallazgos del lado lúdico de los bolígrafos, las obligatorias a la par que reconfortantes lecturas comprensivas del Marca, los necesarios descansos de mínimo tres cuartos de hora para recomponerse de tamaño desgaste intelectual…

Hace un par de días me encontraba yo inmerso en uno de estos descansos. Anduve recorriendo varios estantes de libros de la biblioteca de mi barrio, revisando algún que otro ejemplar con intención de sacarlo. Realmente más que interés en sacar ningún libro lo que tenía era interés en perder el tiempo, pero de una forma docta, que luego eso hace mella en el cargo de conciencia. Pero bueno, ya puestos en situación procuré centrar la búsqueda en localizar alguno pequeñito, pues dada la apretada vorágine que supone en mi vida la próxima semana mejor no embarcarme en una lectura contrareloj.

Al final me decanté por este libro.



Se trata de uno de los libros más pequeños que he visto en mucho tiempo. Tiene menos envergadura que mi mano y apenas llega a las ochenta y siete páginas. Es uno de esos libros que adornan la estadística de la cultura de uno, para poder vacilar a la postre en la disco. Incluso la bibliotecaria dijo eso de "si no te da tiempo a leerlo en quince días ven por aquí y te ampliamos el plazo" en un tono de lo más chusco.

Pero lo que realmente me decantó por la lectura de la obra en cuestión no fue su tamaño, sino la reseña biográfica que la editorial hizo del autor.


En un primer vistazo podríamos decir que la reseña es escueta, como el libro. Pero yo, que soy mucho de leer entre líneas, he llegado a la conclusión de que hay algo más. Observo un cierto aire de resentimiento y/o falta de tiempo. Puede que me equivoque, pero yo creo que está escrita desde el rencor hacia su autor.

Si analizamos pormenorizadamente los datos aportados por el cuasi telegrama cabría distinguir:
- Nombre del autor.
- Fecha y lugar de nacimiento.
- Formación académica.
- Carrera profesional.
- Obra literaria.
- Fecha de defunción.

Seis líneas para seis datos. Cien por cien efectividad, cero por ciento cariño. En mi imaginación el verdadero mensaje que el creador de la reseña quería mandar es el siguiente: «Observad al miserable este, que en setenta y ocho años sólo se dignó a escribir varias obras de teatro de lo más despreciables y este libro de mierda, que además es corto. Y no porque no supiera, qué va qué va, que el tío tenía estudios y todo. Menudo desgraciao».

Es sólo una suposición, pero mi teoría es que el autor de tan ramplona reseña biográfica es un heredero directo.

En lo que a mí respecta, en solidaridad con Julián Ayesta finalmente saqué el libro.

He de decir que está bastante bonito.

viernes, 7 de mayo de 2010

Comprometidos con el reciclaje


Hoy ha estado por la capital el mítico Castilla (del que se me antoja que volveré a hablar en entradas venideras) con un viaje organizado por su escuela de ingenieros para una manifestación en contra de la Ley Ómnibus. Han llegado de mañana, al tiempo que yo estaba en clase. A partir de las dos aproximadamente, hora en que terminaron mis clases y la subsodicha manifestación, nos hemos juntado y hemos echado el rato. Hemos estado comiendo (más de la cuenta) por el centro y luego hemos paseado despreocupadamente.

El caso es que en la recta final de la efímera visita hemos estado por la estación de Atocha esperando la salida del tren y viendo el laguito de nenúfares, las tortuguitas graciosas, los reustarantitos careros para bobos y las demás historias que se pueden ver por ahí. Llegado el momento me he acercado a una papelera para tirar un chicle del que ya me había cansado. Ha sido ahí donde he comprobado el nivel de concienciación de España en materia de reciclaje.


Tres huecos, una bolsa.

jueves, 6 de mayo de 2010

Piénselo antes de pulsar


La foto de hoy viene a representar la imagen que ofrecía el portero automático de mi piso sobre las 10 de la mañana del día de hoy. Aproximadamente sobre esa hora un infeliz ha pasado por delante del porterillo y, sin pensárselo dos veces, ha puesto su dedo sobre el pulsador del segundo izquierda en reiteradas ocasiones. Más concretamente hasta seis veces ha repetido el gesto, habilitando un prudente espacio de varios segundos entre cada uno de ellos en el que esperaba obtener una respuesta. Teniendo en cuenta que ese pulsador acciona una especie de timbrecillo en el interior de mi vivienda (porque casualmente yo vivo en el segundo izquierda) y que me encontraba inmerso en un profundo sueño, me he despertado de súbito y cagándome en la puta hostia.

El piso en el que vivo apenas tendrá unos setenta u ochenta metros cuadrados. No hay lugar de la casa en el que pase desapercibido el sonido del timbre, ni tampoco lugar desde el que en el intervalo de tiempo desde el primer timbrazo hasta el segundo no te dé tiempo a llegar al telefonillo. Me parece pues ensañarse con un ciudadano modélico como yo, que se encontraba plácidamente en su camastro intentando quitarse de la cara a base de ciclos de sueño unas ojeras que vienen siendo frecuentes en mí, el pulsar hasta seis veces el timbrecito de los cojones. Porque no parece difícil pensar que, si tras un par de intentos y una breve espera no obtienes respuesta sólo caben dos opciones posibles: o no hay nadie o no te quieren abrir. Pero se ve que la madre del individuo consumía caballo mientras engendraba al mierda en cuestión.

Una vez he estado despierto no me ha quedado otra que irme para la cocina y confeccionarme una de mis especialidades clásicas: el multicolacao fresquito. Y como un multicolacao fresquito te despeja la mente y te aclara las ideas he tomado cartas en el asunto. Segundos después estaba ya enfrascado en la que espero que sea la solución a mis problemas de insomnio. Os la traigo también en imagen.

[transcripción: PIÉNSELO ANTES DE PULSAR
Mire su reloj ¿Todavía no son las 11 de la mañana? Entonces piénselo fríamente antes de pulsar aquí. Si es usted comercial, cartero, o simplemente gilipollas por naturaleza y tenía pensado aproximar su dedo al pulsador, deténgase. Deténgase un instante y reflexione si no sería mejor que, en lugar de pulsar, debiera usted meterse ese mismo dedo por su propio ojete. Si finalmente usted decide pulsar y me despierta yo me veré obligado a salir ahí y arrancarle la puta cabeza de cuajo y... a ninguno de los dos nos gusta un mundo tan violento, ¿no?
Que pase usted un día agradable.]


Que paséis vosotros también un día agradable.

lunes, 3 de mayo de 2010

Buzones: una crítica al marketing directo

Como dijo un cani de cuyo nombre no quiero acordarme (por miedo evidente a represalias): «Métele más illo, métele más».

Adiós.

domingo, 25 de abril de 2010

Cuando la naturaleza te da la espalda


Ocurrió hace unos meses en un país muy lejano.

Iba yo con un grupo de individuos muy peculiar atravesando una grieta de naturaleza sobre una superficie íntegramente urbana. Todo se había vuelto en nuestra contra: el cielo era gris, el frío arreciaba y la gente hablaba raro. Incluso tuvimos que sobrevivir al mordaz ataque de los patos locos (continuará...).

Cuando creíamos que nada podía ir peor, la naturaleza nos dio la espalda.

lunes, 19 de abril de 2010

Ojos rotos

Esta tarde he tenido entrenamiento y para volver he cogido el autobús. Suelo hacerlo todo el año, pero especialmente en primavera, pues el agujero del Metro es absolutamente indeseable cuando los rayos del sol colorean las calles.

Mientras estaba sentado leyendo un libro de encargo se ha montado al autobús una señora. Con una apresurada mirada he calculado que la mujer tendría unos cuarenta años. Iba elegantemente vestida, pero a la vez muy sencilla. Arreglada, muy digna. Y entre sus manos un bastón blanco.

Si no hubiera sido por este detalle jamás habría vaticinado que la mujer era invidente pues, libres de cualquier telón translúcido, brillaban en su rostro dos ojos verdes absolutamente preciosos.

Unos ojos hermosos que, tristemente, estaban averiados y no cumplían su encomienda.

Lo cierto es que no se me ocurre mucho más que decir, pero pienso que mientras dure el recuerdo me detendré un segundo a reflexionar sobre lo bello que es aquello que veo.

jueves, 15 de abril de 2010

Adornar recibidores

Muy buenas a todos. Soy consciente de que he dejado en barbecho el blog de un tiempo a esta parte, pero todo tiene su explicación. Los que me conocéis sabéis de mi devoción por la semana santa, y claro, toda la semana costaleando cristos para arriba y para abajo merece un periodo de descanso y reflexión. Soy mucho yo de eso.

Hoy os traigo en imagen un recibidor por el que paso a menudo. A mí de por si nunca me llamó la atención, pero al parecer no le ocurre igual a todo el mundo. Y es que, como podéis comprobar, el recibidor está adornado.

Pues bien, hay ciertas personas que ven con malos ojos este tipo de prácticas. Les resulta un derroche inútil y casi ofensivo el gastar dinero comunitario en adornar las zonas comunes, cuando ese dinero bien se podría gastar en cosas más importantes, e incluso no llegar a gastarse.

Esto supone claramente un nuevo criterio de división del ser humano: los que están a favor de adornar los recibidores y los que están en contra. A mí personalmente me ha resultado curioso el hecho de que haya personas que, no sólo muestren indiferencia hacia este hecho, sino que se muestren manifiestamente en contra. Un peculiar dilema ético, como el lucir diamantes muriendo niños de inanición, hasta hace poco desconocido por mí.

Y vosotros qué, ¿estáis a favor o en contra de adornar recibidores?

lunes, 5 de abril de 2010

La lista de Sinde

Desde hoy mismo esta web forma parte de La lista de Sinde.