
Cuchillas de afeitar, zapatillas, camiseta. Cerré la cremallera para que el cierre quedase cerca de mi mano. Le saludé por última vez y bajé las escaleras para salir de una vez a la calle. Anduve un rato a un ritmo acelerado al mismo tiempo que los tejados se iban alzando sobre las teteras, tapando así al astro rey.
Habíamos subido al autobús hacía media hora. La línea discontinua desfilaba a un lado y los neumáticos reían porque le hacía cosquillas. Casi sin darme cuenta habían quedado atrás los días para el recuerdo, ahora estábamos yo, la noche, el sonido argentino de mi mp3 y la carretera. Un manto oscuro inundaba el paisaje que rodeaba mi vehículo, únicamente interrumpido por esporádicos focos de luz al otro lado del cristal.
Me gusta viajar de noche, me gusta mirar por la ventana y ver pasar todo ante mí sin mover un dedo.
El tiempo volaba, al igual que los kilómetros, y yo, desinhibido, seguía con la mirada fija en el cristal. Pasó un tiempo hasta que vi tu reflejo. Hace hora y media te despedías de tus padres con un beso y ahora estabas sentada en el asiento de delante, en silencio, mirando por la ventana. Yo te miraba en silencio a través del cristal, no conseguía distinguir si veías las luces o estabas dormida. No quería despertarte.
Quiero recordar que no parpadeé durante bastante tiempo.
Habíamos subido al autobús hacía media hora. La línea discontinua desfilaba a un lado y los neumáticos reían porque le hacía cosquillas. Casi sin darme cuenta habían quedado atrás los días para el recuerdo, ahora estábamos yo, la noche, el sonido argentino de mi mp3 y la carretera. Un manto oscuro inundaba el paisaje que rodeaba mi vehículo, únicamente interrumpido por esporádicos focos de luz al otro lado del cristal.
Me gusta viajar de noche, me gusta mirar por la ventana y ver pasar todo ante mí sin mover un dedo.
El tiempo volaba, al igual que los kilómetros, y yo, desinhibido, seguía con la mirada fija en el cristal. Pasó un tiempo hasta que vi tu reflejo. Hace hora y media te despedías de tus padres con un beso y ahora estabas sentada en el asiento de delante, en silencio, mirando por la ventana. Yo te miraba en silencio a través del cristal, no conseguía distinguir si veías las luces o estabas dormida. No quería despertarte.
Quiero recordar que no parpadeé durante bastante tiempo.
Nistal - 10 motivos para viajar de noche









