domingo, 31 de diciembre de 2006

martes, 28 de noviembre de 2006

Feliz en mis días



Hubo un tiempo en que te sentía cerca. Parafraseo aquel "de un tiempo perdido". Tiempo que he perdido en el recuerdo, todo ese cúmulo de valores con sentido que han sido desterrados al trastero, empacados en el recuerdo y rodeados por una telaraña tejida por el olvido del tiempo.

Cuan añoro la forja de mí mismo. Cuan añoro aquellas tardes de verano correteando por una azotea cuyo máximo exponente era el rojo de las puertas metálicas y el crujiente suelo. Recuerdo haber mirado el cielo desde allí, y también los tejados de mi ciudad, y el patio de mi vecina. Recuerdo haber cumplido años, haber llenado el suelo de bolsas de plástico, de ir tras la pelota del futbolín, de corretear por las escaleras, que por un día fueran el sitio más especial de la tierra. Recuerdo ver la mesa desdoblada por tan solo un día, y el techo lleno de globos. Recuerdo aquellos pequeños platos de gominolas que esperaban un año cerca del baúl de las galletas. Cuan añoro el baúl de las galletas, las mañanas con prisas, aquel asqueroso brebaje que me provocaba las primeras desestabilidades estomacales antes de partir hacia un enorme palacio del que solo recuerdo un árbol de navidad aprisionado entre las cristaleras, cuando el frío nos encerraba dos semanas en casa siendo feliz en la soledad de cinco años y en la compañía de los que restan. Aquel helicóptero de juguete que perdí en unas vacaciones. Aquella bolsa de patatas que me robó un mono en Gibraltar. Aquella camiseta marinera de tirantes que me envainaba antes de retozarme en las playas de la Línea. Añoro las enormes gafas de sol. Añoro ver a mi padre preparar en un cortijo que apestaba a pintura su traje de carnaval. Añoro aquellos trajes, aquel día de caseta familiar. Añoro llegar a casa y atravesar el interminable pasillo, girar la segunda puerta a la derecha y pasar unas horas saltando en la cama de papa y mama. Añoro el suelo blanco y negro. Añoro los muebles blancos y negros. Cuan añoro un osito con mochila que compañía me hacía cuando el salón de casa rebosaba con jóvenes visitas que se cuestionaban a base de tarjetas. Añoro la litera, y mi hermano durmiendo debajo. Añoro no tener una habitación propia. Añoro aquel enorme árbol plantado en la puerta de casa que daba sombra a nuestro balcón y un buen día de colegio me levanté y vi caído por culpa del viento a escasos centímetros de la cabecera de mi cama. El cuadro de contadores debajo de las escaleras, allí es dónde guardábamos las bicicletas, me pasé una vida deseando que se convirtiese en un ascensor para no tener que subir las escaleras hasta casa. Añoro llegar del colegio y tener que entrar en casa de la vecina para hacer uso de unas llaves que cuidadosamente habían sido colocadas ahí...

Lo echo de menos, si. Echo de menos saber quién soy, qué es lo que busco y lo que no. Creer que simplemente las cosas van a salir bien, porque bien han sido preparadas. Tener confianza en ti, sobre todo eso, lo echo mucho de menos.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Mi primera decepción consumista


Me estoy dando cuenta que estamos sumergidos en una sociedad que nos supera, su poder de seducción es infinitamente cruel. Quizá suene a trillado, pero es que es "pa" quedarse diciendo: "Hay que ver coño, soy un mochuelo-borregoide". Terminaron los tiempos de rebelión baby, hoy hasta para manifestarse hay que pedir cita previa. Estamos controlados en la medida de lo imposible (más de mil cámaras velan por tu servidumbre), nos han hecho creer que contamos con libertad y libertad tenemos, libertad para ser gilipollas.

Hoy mismo he sido consciente una vez más de ello. Resulta que desde pequeñito me inculcaron el inmaculado valor de la limpieza (niño dúchate, niño lávate los dientes). Pulcro de mí, a la mínima estoy ahí embadurnándome. Se ha convertido en imperativo. Antes de comer, ya se sabe, a lavarse las manos, y yo no soy menos. Cada día receta del Dr. Sociedad, lavarse las manos antes de cada comida. Así sea. Es llegar la hora de la comida y acudo sin demora al cuarto de baño, me doy una buena refregada con el jabón comprado en sepa Michael Jordan qué herbolario (porque veo extraño que ese jabón provenga del Carrefour vaya), enjuague y secada. Pues bien, estaba yo tranquilamente pensando en lo ridículo que estaría con un abrigo de piel de diplodocus que vi hoy en un escaparate, cuando de repente mi compañero ha irrumpido en la habitación nº 02 con el susodicho jabón y me articula: "Mira tío los ingredientes". El dibujo que se ha rubricado en mi rostro no tiene precio contante y sonante al leer con pasmosa claridad: Esperma de ballena. Si carajo, esperma de ballena. ¿Cómo coño se me ha ocurrido comprar esperma de ballena? Es más, ¿por qué cojones querría yo tener en casa un jodido bote de esperma de ballena? Y aunque lo tuviese, ¿por qué me iba a restregar con esperma de ballena las manos antes de practicar cada uno de los vitales ejercicios devorativos? ¿Cuántos como yo se lavarán las manos con esperma de ballena, disimularán los signos de la edad con baba de caracol o ambientarán su hogar con pedo de rinoceronte? ¿¿Es o no es para autodenominarnos GILIPOLLAS??

En fin, voy a ver qué otra serie de marranadas se me ocurren para rematar la noche.

Que duerman bien en su colchón, otxia.

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Disculpeme, le robo el recuerdo


Yo también estuve en su casa. El recuerdo de aquella temporada queda en un mísero código de barras, carcomido por las mismas ingestiones que la propiciaron. Nunca supe bien por qué. Mi teoría es que ella debió encariñarse de nosotros, pero ahora también sé que nunca se nos mostró tal cual. Entonces no lo aprecié, únicamente importaba el momento. Y el hash. Pasamos horas y horas en el salón de su casa entre sumos grupos de rock de los 70's, risas y miradas cómplices, nubes de humo, hash, ojos enrojecidos, litros de licor y conversaciones reflexivas extraídas de tramos recorridos individualmente o formando pequeños grupos, bien quedó aprendido tiempo atrás. Con la hierba se consumía el tiempo. En aquel piso no éramos conscientes de que fuera había un mundo que no se detendría ante ninguno de nosotros. Pero juraría que si que se detuvo, al menos así lo creíamos con toda nuestra alma, dos meses de pre-invierno que anduvieron a caballo entre el olvido plástico y causalidad de perpetuidad en el recuerdo...

Un buen día llamamos al portero y no encontramos respuesta. Aquél tiempo dionisiaco no nos volvió a abrir su puerta, tornó a su fin. Nos volvimos sin ser conscientes de que la única puerta por la que escapar del mundo real se nos había cerrado para jamás reabrirse, mundo real al que estábamos irremediablemente abocados, y sálvese quien pueda o perezca en el intento.

Yo también estuve en su casa, amigo mío, y jamás debí salir.

lunes, 23 de octubre de 2006

Memorias del mecánico de un arco iris negro


Me quedo mirando al engranaje celular. Segundos antes contaba con los dedos el tiempo para que la luz cediese. Ahora sé que no volverá... Debí haber aletargado aquel momento. Debí haber alargado mi mentira. Pero se terminó, ahora vuelvo a una habitación oscura donde solo cabe el sueño y la extraña melodía.

Y sinceramente, echo de menos la sensación de que todos los sentidos queden centrados en el estriado sonido. Lo echo tanto de menos que ni lo siento. ¿Por qué? Saberlo lo se muy bien, pero no quiero admitirlo. Ni tú ni tus malditos intentos van a sacarme de un problema que reside a inexistentes milímetros dentro del aquí presente.

No se de qué me sorprendo. Bueno, en realidad es que no me sorprendo. Esta vez no iba a ser distinto, aunque creo que cuando deje de llover va a salir con zapatillas nuevas. Si no son nuevas las pintaré del color del idiota al cual detesto. Algo ha cambiado.

No queda otra, vista al frente, giro, mirada sugerente hacia atrás y en marcha: ¡el camino queda abierto a tempranas horas de la mañana!

martes, 10 de octubre de 2006

Intermedio nefasto (más nargal, maintenat en interfaz)


Te odio, claro que te odio. Te odio porque sí. Te odio por cómo vistes y por cómo andas. Te odio por tu forma de hablar. Y no solo por eso, es que te odio por acostarte con mi mujer. Te odio por insultarme delante de ella. Te odio por despedirme del trabajo sin ningún motivo, quitandome mi seguro médico. Te odio por irrumpir en mi casa de buenas a primeras y regalarle ropa a mi hija que tan si quiera necesita. Te odio por partirme la nariz de un puñetazo, ayer mismo. Pero sobre todo, por lo que más te odio es porque te quiero más a que a nada en este mundo. TE AMO

Leo en letras que chocan contra el gong y mientras todo en el lado oriental se desvanece en cuestión de minutos. La tierra cae por ambos lados de la ventana a doce metros de la acera. La última mujer de la calle cae al suelo derramando un frasco cerca del circulo que conecta directamente con las entrañas de la gigante esfera rodante. El silencio se apodera de tus labios que a balbuceos pide ayuda. Has olvidado los idiomas, tu cuerpo pretende, pero has olvidado. En la escena solo se escucha un susurro que proviene de una, a otra, a otra y a la última de las cuatro esquinas.

Me pides ayuda, ahora. Ahora cierro los ojos, estoy cansado, tengo sueño... No es el momento, de verdad.



Aoki Takamasa & Tujiko Noriko - Alien
Aoki Takamasa & Tujiko Noriko - Nolicom

jueves, 28 de septiembre de 2006

Quédate a dormir


David acudía al parque con los amigos. Le gusta sentarse con ellos a criticar a cada uno que pasaba, ya no solo porque los defectos de los transeuntes fueran dignos de mención, si no más bien por matar el tiempo, olvidarse de lo demás y cebar su amistad. A David le gusta ordenar los libros de menor a mayor tamaño. A David no le gusta no encontrar su monedero. A David le gusta salir a la calle e imaginar movimientos entre los edificios. David detesta los formatos de programas de televisión copiados. A David le gustaría dormir bocarriba, pero le resulta imposible y duerme de lado. David acude a los locales solo si ve en sus amigos ánimos para pasar de todo lo demás. A David le gustan las chicas morenas. David no va a ver cuadros de flamenco, él prefiere el teatro o el cine español. David necesita hacer ejercicio diario, pero no siempre lo consigue. A David le gusta la gelatina, pero no la tarta de queso. A David no le llama la atención ni la playa ni el campo, David se preocupa por la compañía. David no lleva reloj. David no está preparado para las situaciones a las que todo el mundo está preparado, no siente como el resto, se desenvuelve mejor cuando todo es extraño porque esas situaciones las imagina a diario. David nunca está solo, o actúa como si nunca lo estuviera. David no sale todos los días porque cree que eso crea la monotonía, por eso los fines de semana no se queda en casa.

Volvía a casa tras una noche de Viernes. Se despidió de sus rostros conocidos hacía un rato y su estado era de soledad transitoria. Su boca buscaba refugio en el cuello del abrigo. La noche era la típica de la semana invernal que atravesaba la ciudad. Sus ojos observaban el suelo. Caminaba mientras pensaba en que no pensaba nada, y caminaba, caminaba. Un ruidito le hizo desviar su mirada unos centrímetros y estos le ofrecieron una imagen que no esperaba. Laura, recostada en un portal y escuchando como crujía su motor.

- Ey, ¿qué haces aquí?

Laura sueña. Laura es buena estudiante desde que era una niña. Laura escucha una música que todas sus amigas odian. A Laura no le gusta la propaganda del buzón. Laura disfruta trepando al tejado para ver las estrellas. Laura no se lleva bien con el vecino de al lado. A Laura le encanta recorrer su casa dando saltos Y bailando. Laura odia que se aprovechen de su mejor amigo. Laura tiene una cámara de fotos, y su habitación repleta de ellas. Laura rompe una almohada al mes. Laura nunca sube la compra que su madre espera que suba, ella es independiente. Laura siempre tiene hambre. Laura ha dado clases de danza. Laura no soporta a su profesor de Historia. Laura se siente incomprendida entre sus amigas, pero no puede vivir sin ellas. Laura se cae trescientas veces cada vez que baja al parque por andar en equilibrio sobre el borde de los jardines. Laura desaparece todos los jueves de 16:12AM a 16:47AM, nadie sabe que en realidad va a visitar a su abuela. A Laura le gusta comer solo un yogourt de postre en las cenas. Laura nunca come carne, ella es vegetariana. A Laura le gusta mirar el reloj de la estación de autobuses. Laura detesta pasar la la noche en vela mirando la oscuridad por culpa de un mosquito, porque Laura odia a los mosquitos. Laura ordena su habitación solo por obligación. Laura a veces corre por las calles sin motivo. Laura odia las bicicletas. A Laura le gusta escaparse cuando las cosas no pintan bien.

- Me apetecía alejarme un poco de...
- ¿Qué ha pasado?
- Nada, en serio, no importa. ¿Qué tal tu noche?
- No ha estado mal. No te veo bien.
- Es que bueno, necesitaba pensar un poco, dejar volar un poco la mente...
- ¿Puedo hacer algo por tí?
- Que no tonto, si seguro que ya mañana se me pasa.
- Me da palo verte mal y no hacer nada.
- En serio, no te preocupes...
- ...quédate a dormir.

Enmudecieron. Ella levantó la vista, la que hasta entonces quedaba en sus zapatos, para mirarle a los ojos. Se levantó y sacudió su pantalón. Subieron las escaleras del piso sin mediar palabra.

A la mañana siguiente Laura se marchó sin despedirse. Desde aquella noche ninguno de los dos volvió a tener noticias del otro, jamás.

martes, 26 de septiembre de 2006

Próximamente, en su facultad (si es que me pilla de paso)




"He estado con Juanba hasta las seis y nos hemos metido cuatro millones de rayas.

[Con Pedro Blas hasta las ocho y con Rafa hasta las nueve PM]."

by dARkwIN (cantando)

domingo, 27 de agosto de 2006

El Faro (basado en hechos reales)



- Oye, qué negra está tu foto, ¿has apagado las luces?

- Es que la cosa está negra, desde este faro se ve la cosa muy negra. Estoy harto de poner bombillas, al final todas acaban con un cortocircuito. En fin, tengo una caja entera de cristales rotos. Me he acostumbrado a abrir los ojos y no ver nada.

- Bueno, bueno, intenta arreglar esas bombillas mientras como.

- ¿Arreglarlas? El caso es que no tengo muchas ganas de más bombillas, a oscuras tampoco se está tan mal, mejor la oscuridad que una luz traicionera.



Love of Lesbian - Is this fiction?

sábado, 26 de agosto de 2006

Reflexión apersonal de un sonido laberíntico



He despertado de pronto y me he visto en esta estancia. No veo salida, únicamente pasillos sin luz, no sé qué es lo que me acontece, apenas veo lo que hay a dos palmos. Me consume la simpleza llevada al extremo, líneas rectas, es mi única visión, ni tan siquiera un obstáculo, camino a través de prismas de cuatro caras. No existe velocidad, no sé qué dimensión ocupo, simplemente avanzo hacia oscuridad que posteriormente dejo atrás. No sé cuanto tiempo aguantará la cordura sometida a la situación que presta el enloquecedor sonido del silencio...

He perdido la noción del tiempo, no sé cuantas horas llevo caminando, o corriendo. El silencio cada vez se hace más insoportable. Grito (¡¡¡Ah!!!). Nada, se desvanece en segundos. Grito de nuevo (¡¡Ah!! ¡¡Ah!! ¡¡¡Aaahhh!!!). ¡Nada! Mi respiración se acelera. ¡Salgo a correr mientras grito! (¡¡¡Aaaaahhhhh!!!!!). Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Salvo el tiempo, pero el peso sobre mí parece perpetuo... Cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, cuarenta y... cinco... SUELO. Caigo al suelo. De nuevo envuelto en oscuridad. Vuelve el aterrador silencio. No siento frío, ni calor. No siento nada. Estoy tumbado en el suelo y miro el techo: No veo el techo, la oscuridad no me lo permite. Miro... miro la oscuridad. Escucho el silencio. Siento la nada...

Y cierro los ojos. Ya solo estoy yo. Ya solo pienso en una cosa, solo una pregunta me ocupa: "¿Será este el fin...?"

¡Maldita sea! ¡¡Abre las ventanas y apaga esa música!!



Standstill - Standstill