
Cómo se descojonaba el tío. No recuerdo cuando fue la última vez que lo ví, pero hace ya bastante, puede que alguna noche en la verbena. Si, creo que tocó la batería con la orquesta... El caso es que lo único que recuerdo de él son unas ojeras de tres pares de cojones y una risa aparatosa.
Recuerdo una noche, con una borrachera guarachera en fase avanzada. Apenas se mantenía en pie. Con el alcohol que había ingerido debería tener el bazo como una granada de mano apunto de estallar. Sus ojos estaban vueltos, y muchos dudábamos que fuese a salir de esta. Se cayó sobre la acera: Su cuerpo no podía más. De pronto y sin que ninguno lo esperásemos, comenzó a reir a moco tendido. No nos apetecía para nada, pero poco importó, nos estaba contagiando con su risa. No conocíamos motivo, pero nosotros reíamos. Fue entonces cuando nos lo dijo: "¿Te vas a lamentar de algo?".
Al ser humano le es difícil asimilarlo, eso nos decía siempre, y él, a diferencia de nosotros, supo estar a la altura de sus palabras. Aunque no haya motivos, o no apetezca, desde aquel momento impuso en nuestras vidas un motivo más para reir.







