jueves, 18 de junio de 2009

Lo que no esperaba

Carlos la miró y comenzó a dar rienda suelta a la parte más profunda y peligrosa de su ser interior.

Estaba completamente desorientado. Buscaba algo dentro de sí, bien lo sabía. La buscaba de tal forma que no se resistiese a los planes que su mente trazaba para los dos. Los dos sentían lo mismo, y él lo sabía. Ella trataba de hacerle entender que la ambigüedad no era el camino apropiado, pero él se dejó llevar. Ella apostaba por la seguridad de los valores racionales. Él por la atracción frívola.

- Acertaré - retumbaba en su subconsciente.

Cada noche se preocupaba de alimentar su creencia, no conseguía obviarlo.

- ¿Conseguiré saber más de ti? - repetía una y otra vez.

El juego no estaba ausente de peligro. Suponía un rompecabezas con varios años de antigüedad y una sola solución. La solución que sólo ella poseía, que Carlos buscaba y que aún sabiendo lo absurdo de su misión no se redimía a aceptar en forma de derrota.

- ¿Qué más da? - dijo él.

Carlos era el objeto de deseo, un material de sexo digno de ser dañado, dispuesto a ello de principio a fin. Huía de esa convicción, pero la sentía cerca, y era suficiente para mantener la espera. El misterio corrompía sus entrañas, pero a la vez, le hacía sentir vivo.

- No lo conseguiré - se repetía una y otra vez - nunca sabré más de ti.

Se había convertido en súbdito de aquel pensamiento. Era la tentación más grande de su vida. Innegablemente el mayor deseo. El dibujo le mantenía vivo, y su represión le recomía las entrañas. La anhelaba como el preso la libertad, su libertad.

- Vas muy mal - medrando en él un síntoma autocompasivo.

Todo se quedó en intento, en una mediocre forma atacar las entrañas de una joven tremendamente inaccesible. Ella sentía el ataque, pero no se inmutó. Sus valores estaban plenamente arraigados, como una esfinge que lleva siglos siendo piedra de desierto. Carlos era una fuerte droga, mas fuerte era el miedo a probarlo. Se veía reflejado en ella, como el que mira al espejo. Veía la pasión, la catastrófica pasión, la pasión más visceral jamás sufrida y llevada al término de la perdición. La anheló incluso desde la parte racional de su ser.

Carlos terminó por concluir que de nada servían días como ese. Cúmulos de pulsiones sin sentido, sin racionalidad alguna, que te atraen a lo que más tarde deseas separarte. No dejaba de ser un misterio, ¿no crees? El tema recurrente de siempre. Buscar crear la pieza perfecta en un puzzle al que no se tiene acceso. ¿Y si Carlos iba con alguien más? ¿Qué pensaría ella? No lo sabría. Llegados a este punto la perfección era el menor de los alicientes.

De pronto, a Carlos se le ocurrió un plan.

- ¿Nos ignoramos? Te miraré, y pensaré en los dos como una fuerza única, pero lo ocultaré. Lo ocultaré por ti, porque no te mereces este fin. No te lo mereces, y te ignoro por eso, por una atracción digna del más poderoso de los vacíos.

Carlos cerró los ojos, y no pudo evitar pasar dos o tres horas pensando en ello, como un mal dolor que por mucho que pase el tiempo vuelve a aparecer, por insistencia, como las cosas agradables, como los mayores lujos de la vida.

Carlos era fuerte, pero no lo suficiente.

domingo, 31 de mayo de 2009

Todo bajo control

¿Saben los momentos de complicidad que hay cuando tu cantante favorito dice el nombre de tu ciudad en un concierto o cuando en un programa de televisión el presentador se cae y hace gracia? Vale, pues siento desvelaros el secreto, pero nada de eso es espontáneo. Todo está perfectamente programado y ensayado. Deberíais haberos dado cuenta, que ya sois mayorcitos.

Podréis pensar que lo que digo es una tontería, que no sé de lo que hablo o que soy comunista; os equivocáis. ¿Por qué? Porque yo soy el responsable de que todo eso ocurra. En efecto, es mi trabajo, más concretamente soy 'guionista de momentos de complicidad'. Mi labor se desarrolla siempre de la misma manera: primero pienso, luego escribo y finalmente otros se encargan de ejecutar. Para que os hagáis una idea más entera, trabajamos todas las espontaneidades que podáis imaginar del mundo de la comunicación, la farándula y la alta tecnología: micrófonos abiertos, trabadas de lengua, fallos de realización, caídas en directo, espontáneos que corren en cueros, etc. Mi única misión es la de vender humo, hacer creer a la gente que aquellos a los que adoran son personas normales y corrientes, como tú y como yo. Y qué va eh, son gente tela de sibarita. Les gusta tomar té con Juanolas, y dedican la mayor parte de la tarde a ver cómo crecen sus acciones, vestidos - únicamente - con bata y alpargatas. A lo sumo se ponen un monóculo. Gente muy chunga.

La caída del de UPA Dance del escenario, el “¡pero esto qué es!" de Matías Prat, el beso de Carlos Baute a una chica en pleno escenario, la mandada de huevos de Trillo, el hostiazo de Lopetegui, la pillada de Loncar y Carnicero en los Play-off de 2008, la mosca de la tele; todos esos mitos son inventos míos. Soy creativo.

El último cliente para el que he trabajado ha sido el F.C. Barcelona. ¿Recordáis el “boti, boti, boti, madridista qui no boti” de Piqué? Pues es mío. En realidad, no es una campaña nueva. La idea era asentar la línea que lanzamos en 2005 con el “¡Madrid! ¡cabrón! ¡saluda al campeón!”. Nuestra estrategia era reforzar los valores, pero puliendo un poco la acritud, pues el impacto mediático ya lo logramos con la pasada campaña. Os seré sinceros, en el breafing debía ser Eto'o el que la emprendiese de nuevo, pero Samu nos dijo que el dinero no compensaba la mancha de su imagen, que lo que ganaba con la campaña se le iba en donaciones a la Fundación Talita. A última hora se me ocurrió lo de Messi borracho, y no veas si lo está petando. Genialidad, ¿no creéis?

Me han llamado de McCann Erickson España, me quieren de copy junior, pero no sé, aún no estoy seguro de querer dedicarme profesionalmente al oscuro mundo de la publicidad...


PD: Hola junio.

martes, 19 de mayo de 2009

Malviviendo

Los seguidores acérrimos de este blog (soy un cachondo) son conscientes de que no acostumbro a dedicar entradas a promoción, máxime mientras mi compañero Nacho escucha a fuego a El Canto del Loco como es el caso. Hoy rompo esta casual costumbre, mantenida en el tiempo más por la ausencia de un algo inspirador que por convicciones personales.

Los responsables de este algo son los chicos y chicas de Malviviendo. Para el que no lo sepa, Malviviendo es una serie casera fruto de la conexión canario-sevillana que lleva a cabo su emisión por internet. Lo cierto es que llevaba una temporada topándome con el nombre de la serie, principalmente a través de comentarios de amigos. Ayer hice lo propio y tecleé el título en internet con intención de investigar sobre ella. Ahora me arrepiento de no haberlo hecho antes.

Al contrario de lo que puedan pensar, el hecho de que sea casera no le resta el más mínimo interés. Si usted no la conoce enhorabuena, tiene por delante algo más de dos horas de risas y entretenimiento, pues le aseguro que superará sus expectativas. Y si no le he convencido con esta última frase, lea los 5 motivos por los que creo que Malviviendo merece la presente monografía.

- Motivo nº 1, “El reparto está de puta madre: ninguno de ellos se dedica profesionalmente a la interpretación, ni falta que hace. Esta panda de cabrones tiene algo, y es que saben transmitir de manera intuitiva. A menudo nos apestamos viendo series y películas en las que cuatro actorzuchos, que se creen alguien por haber sobreactuado en alguna que otra obra de teatro, se dedican a jactarse delante de una cámara. Las actuaciones parten de la sencillez, del realismo y de la cercanía. ¿Cuánto de lo que vemos por la tele puede presumir de esto?

- Motivo nº 2, “El guión está de puta madre: la trama es un plan concienzudamente ideado para entreneter, hacer reir y dar qué pensar. David Sáinz - principal culpable del guión - al parecer tiene talento innato. Te aseguro que no vas a ver cualquier gilipollez, o un gag esporádico más o menos gracioso, sino que vas a disfrutar una composición con sentido. El humor es fino a la vez que descarado; un arma cargada de inteligencia y juicio crítico.

- Motivo nº 3, “La producción está de puta madre: si querías ver la payasada de la tarde tonta de unos colegas delante de una cámara, sigue buscando en youtube. Los planos, las tomas, las secuencias... todo tiene una razón de ser. Graban con la intención de contar una historia, y para ello usan a sabiendas las técnicas que le darán a la trama el efecto adecuado.

- Motivo nº 4: “La postproducción está de puta madre: no solo hay que grabar, hay que montar una película y esto requiere conocimientos. Los efectos utilizados le dan un dinamismo digno de la más profesional de las producciones televisivas. Y mi parte favorita, la música, níquel. Tanto los efectos como la banda sonora encajan a la perfección con lo que estás viendo, y suponen el mejor incentivo para devorar los capítulos uno tras otro.

- Motivo nº5: “Es gratis, y eso está de puta madre: verla es tan sencillo como disponer de una conexión a internet y entrar en su web oficial. No more dramas.

Para colmo no sigue la estúpida moda esa de ponerle a las cosas una pila de iniciales con la intención de ser los más molones del planeta. Muchos son los ejemplos que se me vienen a la cabeza: QVMT, FOQ, DEC, ECDL, PSOE, SGAE, Q3, QTRON... Malviviendo, con dos cojones.

¿Podríamos ponerle alguna pega? Hombre, por poner que no quede. Los capítulos suelen salir con una asiduidad aproximada de un mes. Es cierto que nos gustaría ver más material, pero si para que el nivel del resultado se mantenga tenemos que esperar un mes se espera. Un mes o lo que haga falta hermano. A decir verdad un mes me parece breve lapso de tiempo. Esta gente no gana nada más allá del rato divertido y la satisfacción de estar haciendo algo cojonudamente bueno. Para colmo, el presupuesto es reducido, lo que hace suponer que detrás de los veintipico minutos de capítulo hay un equipo humano excelente entregado al proyecto.

Desde este humilde e insignificante espacio, os agradezco una y mil veces que creáis en vuestra historia y la defendáis tal y como está dibujada en vuestras cabezas.

Chapeau.

miércoles, 13 de mayo de 2009

La búsqueda del rol


Recojo el guante que lancé el último día sobre el tema este de la búsqueda del rol. Hoy me he preguntado el por qué hemos decidido vivir como lo estamos haciendo. Es decir, ¿cuál es el motivo de fondo que marca que lo que hacemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos sea como es? En la mayoría de casos, cada uno es responsable de cómo se desarrollan sus días, o si no, de no tomar medidas para reencauzar su presente. Sin embargo, y a pesar de que muchos cambiarían si no al completo parte muy significativa de su rutina, existe una tendencia al estatismo, un miedo endémico al cambio.

Visto lo visto, sería conveniente que cada uno busque los motivos de por qué todo aquello que le concierne es como es. Los míos parten de la idea de que hemos crecido enfocando nuestra educación hacia unas metas mercantilistas, un sueño infundado desde la televisión, el cine u otros medios de comunicación de masas. Nosotros hemos adoptado dichas metas, creyendo torpemente que el diseño de las mismas nos compete.

Rousseau teorizó con el concepto de Estado de Naturaleza, un tipo de estado sin legislación (o coacción institucionalizada) en el que cada hombre actuaba en función de su conveniencia. Explicaba el nacimiento de la propiedad con la siguiente frase: “En el momento en que el primer hombre que cercó un terreno, gritó '¡Esto es mío!', y la gente le creyó, surgieron las desigualdades y se destruyó el Estado de Naturaleza”. Nos lo creímos entonces y nos lo seguimos creyendo. ¿Por qué sino, teniendo en cuenta la avaricia natural del hombre, íbamos a consentir ciertas situaciones de lujo externas a uno mismo? Básicamente por miedo, miedo al cambio, como ya he dicho.

Sin embargo, y aun a riesgo de poder parecer contradictorio, las cosas han cambiado mucho. La diferencia con respecto a nuestros antepasados es que nos han convertido en target, mudado a lugares con alto grado de opportunity to see y copado hasta los topes nuestro top of mind... Todo gracias al objetivo de alcanzar un mundo globalizado, que viene a ser una simplificación acelerada del funcionamiento de las cosas, de las sociedades, para que hasta el más bobo de los ignorantes sea capaz de gastar su dinero con la mayor efectividad y seguridad posible. Esta es la realidad revestida tras la máscara del desarrollo tecnológico.

Lo cierto es que sigue habiendo un elevado número de personas que siguen muriendo de la más básica de las afecciones, el hambre. No se equivoquen conmigo, no pretendo enternecer sus corazones, simplemente remarcar la realidad más evidente. El contraste entre el despilfarro y la necesidad es cuestión de kilómetros, así que pongamos de una vez las cartas sobre la mesa y decidamos por nosotros mismos cuál es nuestro nivel de calidad de vida. Las estadísticas se equivocan.

El problema principal, como siempre, viene a la hora de establecer conclusiones. Sería harto funcional la existencia de una fórmula científica contra la injusticia. De este modo todas las bondades podrían asirse a dicha bandera y enarbolarla a cualquier hora en cualquier rincón. Utopía. Tendemos a diseccionar con una línea a buenos y malos. Craso error. La libertad es un concepto maleable, pues atendiendo a la naturaleza del instinto o la pulsión, las consecuencias de la misma pueden ser nefastas. Ejercer una libertad casi siempre tiene corolario.

Me gustaría concluir retrotrayendo la idea de Rousseau sobre la propiedad. El aire que azota Madrid se desplaza indiscriminadamente hasta Zamora, Palermo o Harare. Y es aquí donde pierdo mi rol, pues aunque Madrid y Harare son evidentemente cosas muy distintas, ambas ciudades no dejan de ser creaciones del mismo ser, el humano.

martes, 12 de mayo de 2009

Rol perdido


Lo cierto es que esta mañana al levantarme no imaginaba un fin de fiesta así.

Érase una vez el día de hoy, ahora ayer, en el que todo transcurría con una mediana normalidad. Todo, a excepción de la escapada vespertina y el vermú tirado de la Plaza Mayor. No acostumbro a trazar tardes como la de hoy, pero os aseguro que se trataba de una situación excepcional. Tras una ligerísima colación en los que pasados tres años siguen siendo para mí fríos bares del centro de Madrid, nos hemos trasladado a la Plaza de Santa Ana para degustar la comida nocturna. El primer detalle inusual, aunque no disuasorio del índice argumental habitual de mi vida, se ha producido mientras esperábamos a que se desocupase una mesa. A nuestro lado de la barra se ha colocado el ex-Ketama, Antonio Carmona, acompañado de un par de amiguetes. A decir verdad no me ha suscitado mayor apego pues, a fin de cuentas, se parece mucho al hermano de Raúl.

Una vez desocupada la mesa, nos hemos sentado a cenar. He seleccionado el menú de 11'50€ el cual, a pesar de ser lo más económico de la carta, normalmente quedaría descartado de mi presupuesto, pero repito que se trataba de una situación especial. Sobre la cena nada destacable, quizás mi cabezonería al instalarme en la Coca-Cola pasándo olímpicamente del Ribera del Duero. Sin embargo, cuando el sorbete de limón deshacía sus últimos residuos sobre el cuenco de cristal, me he topado con lo que ha sido la gran sorpresa de la noche (y probablemente de la semana): el mismísimo Enrique Morente se alzaba sobre mis ojos. A solo una mesa de nosotros se disponía el gigante flamenco, acompañado de la que creo que es su madre. En uno de los cruces de Morente frente a nuestra mesa lo hemos saludado. Mi mano se ha entrelazado con la suya. Al mismo tiempo, mi cerebro ha procesado mil mensajes que poder transmitirle. Pero no le he dicho nada, no me he creído en el derecho de hacerlo.

A nuestra salida entraba Pitingo. Le he dado las buenas noches.

Cabizbajo, he encarado el suburbano a hora infrecuente tratándose de un lunes más martes que lunes. He entrado en casa, me he agarrado una cerveza y, mientras me la bebía en mi cuarto, me he hartado de llorar. Mal me pese he de reconocer que me encuentro perdido en busca de mi rol.

miércoles, 6 de mayo de 2009

La definitiva


Hasta hoy pensaba que la escena más sensual que las féminas podían encontrarse en un parque era la de un joven ejecutivo, con la corbata suelta, observando minuciosamente una puesta de Sol. Hasta hoy.

Durante mi tradicional búsqueda vespertina de níscalos de los miércoles, se ha iluminado ante mí la piedra filosofal de la seducción: salir a correr empujando un carricoche de bebé. Amigo mío, en esta genialidad de la ciencia visceral confluyen dos de los sex-appeal más potentes del cromosoma 'Y', el del deportista esquivo y el del padrazo juicioso.

Es un logaritmo áureo y modélico. Ya me imagino los recursos:
- Hola.
- Hola nena.
- ¿Vienes mucho a correr por aquí?
- Siempre que puedo.
- Guau, ¿y nunca descansas?
- Única y exclusivamente para fabricar churumbeles como el que ves, pequeña.
- Hazme tuya...

Un cóctel molotov del amor amigos.


PD: Esta noche se me ha aparecido en un sueño mi actual profesor de Historia de la Comunicación e inminente jubilado. En su última clase yo me acercaba y le agradecía sus enseñanzas. Hernaiz me respondía: “Gracias, jeje – y entre dientes me dedicaba un desconcertante – hijo de puta...”. Inmerso en estupor he intentado razonar con él, pero ha sido imposible, el cabrón está chapado a la antigua.

martes, 5 de mayo de 2009

La silla del millón de cupones


Recuerdo que cuando era niño, entre los chavales corría el bulo de que si reunías 1 millón de cupones de la ONCE te regalaban una silla de ruedas. Algo absurdo, ¿no creéis?

Pasábamos las tardes buscando sitios donde recoger los cupones, familiares a los que pedírselos, vecinos a los que abordar para lograr el objetivo. Me acuerdo en concreto de ese quiosco en mitad de la calle del Toro, el cual tenía un pequeño buzón metálico donde la gente depositaba sus boletos no premiados. Sin lugar a dudas ese puestecillo es uno de los lugares más misteriosos de mi infancia. Por el día no aparentaba nada extraño, pero al caer la noche, cuando el invidente que allí se ganaba el pan volvía a casa, todos nos preguntábamos qué podía salir de su interior. Era como un castillo medieval que día tras día ansiábamos asediar.

Mi colección de cupones era más bien precaria, ya sabéis, nunca he tenido el desparpajo necesario para asaltar un puesto de los ciegos. Tenía (y tengo) amigos mucho más aventureros a los que poco le importaban los griteríos de la vieja de turno. Se dice que algún chaval del pueblo logró el millón, y que por el patio de la casa de su abuela los paseos en silla de ruedas eran interminables.

Y yo me pregunto, ¿para qué íbamos nosotros a querer una maldita silla de ruedas? Cuando tienes cierta edad la silla de ruedas es siempre una herramienta a evitar, pero para un niño es sin duda un mecanismo muy denso de diversión. De nuevo la imaginación de un niño gana por goleada a la sofisticada y aburrida vida del adulto.

Ahora que lo pienso, la última vez que rondé esta idea aun buscaba los cupones. Es posible que sigamos siendo jóvenes.

miércoles, 29 de abril de 2009

Sí a los sueños, máxime desde la perspectiva racional

Encontrábase la madre preparando la comida, cuando en la cocina irrumpió de pronto el infante. El chico pedía un hacha, pues un gigante le perseguía. La madre, guiándose por el sentido común, desaprobó la idea: "un niño no debe jugar con hachas", le decía. A la insistencia del chaval, la madre alegaba el olor de la comida. El niño se impacientaba, pues su tiempo se acababa. Rogó a su madre mirar al jardín, y que fueran sus ojos los que viesen a una habichuela mágica perdiéndose hasta el fin. La mujer, que ante todo amaba al chico, hasta donde él quiso accedió a salir.

Nada, el jardín se encontraba exactamente igual que el día anterior, y el anterior al anterior.

La mujer premió a su hijo. La imaginación del infante, del trayecto que conecta las cacerolas con la puerta de la cocina, había contagiado la madurez de una mujer de familia. Seguidamente se sentaron, y disfrutaron de lo real de la historia: la comida.

El sentido común es salud mental, pues nos hace ser conscientes de que la imaginación* es la felicidad que se cultiva en la niñez, y se rescata a placer durante el resto de tu vida.

* como en su día pudiera ser la de Hans Christian Andersen.

lunes, 20 de abril de 2009

Paralontería

Venía yo con mi amigo imaginario en el autobús, pensativo, cuando de pronto le suelto:

- Illo, la habilidad de conducción de un piloto de autobuses es inversamente proporcional a su número de canas.
- ¿Y los calvos?
- Los calvos... eso es caso aparte illo.

Mi amigo se llama Grincho. Lo bauticé así en honor a los tres iconos que más admiro: Green Day, El abuelo del Francho y Chico Pancho. Green Day obviamente porque es la banda más influyente de la década, y su música inspira todas mis composiciones. Temas como 'I have a bike, a mountain bike', 'Defecate you, littleparrot' o 'Bitch host bigcup' me ayudaron mucho en la depresión del 98, año en el que mi actual exnovia decidió volver a instalarse su pene. El abuelo del Francho, primo del Restituto, es un viejo que invitaba a pollo con salmorejo a la chavalas jóvenes de Villanueva del Duque de Wellington. Su táctica habitual era apoyarse de una mano en el cartel de “Wellcome to Villanueva del Duque de Wellington” y giscarlas en los paseos vespertinos, arreándolas con el particular chiflido del 'Lagarto Algarrobo'. Por último, Chico Pancho, el héroe de la psicodelia de finales de los 90. Chico Pancho hizo sus primeros pinitos artísticos en el mundo de la interpretación. Forzado por su madre, la famosa actriz que encarnó a Petra en 'Todo sobre mí misma' cuyo nombre no recuerdo, ingresó en la Academia Suisse de Arte Dramático. Pero su carácter rebelde rompió las barreras de lo establecido. En cierta ocasión le mostró su poblado trasero a la directora de la academia por unas lentejas rebozadas que no eran de su agrado. Este hecho le costó la inmediata expulsión de la academia. Actualmente milita como guitarrista en Green Day.

En cualquier caso, el piloto del autobús iba pegando más panzazos que el puto Cabrera en la BCM el día del pregón. En esto que Grincho se saca una GameBoy Pocket y se pone a jugar a un ejemplar con peores gráficos que un juego de mesa: "Contra 12: 'Hostias como San Pancracios'". En un arrebato friki, el Grincho celebra su personal masacre con tan mala suerte de que el cartucho del Contra sale disparado, impactando en la tocha de una bibliotecaria complicada o bicho fonador asexuado. La menda se ha remangado y, en plena berserker, le ha pegado más hostias al Grincho que encinas dobladas en la Virgen de Luna. El Grincho, sangrando como un cabrón, se ha bajado del bus, ha formado una crisálida y se ha convertido en mariposa.

Bueno, esto último lo mismo me lo he inventado. El Grincho está bien, está aquí conmigo, ¡os manda saludos guapetones!

PD: Feliz cumple Alberto.

viernes, 17 de abril de 2009

Emilio

Hoy me he acordado de Emilio. Emilio era un chaval que conocí de pequeño, con 9 o 10 años. Él y yo no llegamos a intimar excesivamente, pero al tratarse de un chico extrovertido, por aquellos entonces todos teníamos conciencia de quién era. Emilio era algo mayor que yo, un par de años, quizá tres. En tan corta edad una distancia de este tipo es más que suficiente para formar parte de ambientes diferentes. Si lo conocí fue porque ambos pertenecíamos a ese círculo de gente con cierta afinidad por el tenis. Creo que él no era tarugo, pero la única escuela de tenis del valle era la de mi pueblo, por lo que confluían en ella muchos chicos de los alrededores. Los mayores recuerdos que tengo de él son de un campus de tenis veraniego en el que ambos tomamos parte. Resaltaría de Emilio el continuo estado de broma, le encantaba hacer reír a los demás con sus payasadas. Recuerdo en concreto una anécdota que contó en el gimnasio del polideportivo acerca de una atleta anciana que, según él, en cierta ocasión le ganó corriendo. También recuerdo haber coincidido con él en (creo) el antiguo Torneo de Feria que organizaba el Club de Tenis, supongo que ambos andaríamos por allí colaborando recogiendo pelotas, llevando los marcadores o cualquier otra cosa por el estilo.

Una mañana mi padre me dijo que Emilio había muerto. Al parecer tuvo un accidente de tráfico en el que no hubo supervivientes. El Torneo de Feria a partir de entonces pasó a celebrarse en memorial a Emilio. No recuerdo sus apellidos, ni recuerdo a sus padres. No recuerdo si tenía hermanos, ni dónde vivía concretamente. Pero hoy he rescatado durante un instante su figura, desdibujada por el paso del tiempo, la cual estará siempre para mí inevitablemente unida unas implacables ganas de vivir.