Os pongo en situación: El tipo se encontraba en medio de una encrucijada, un cruce de calles, la de en frente, la de detrás, y una a cada lado. A su izquierda un accidente múltiple, monovolúmenes incrustados en turismos corrientes y molientes de poca monta, ciclomotores y motocicletas, traillers de transporte de troncos alcornocales sirviendo de alimento (junto con el oxigeno tan abundante en esta parte hundida de la atmósfera) al fuego que envolvía los medios de locomoción. A la derecha no paraban de escucharse los gritos amenazantes de un animabestia, extrañamente coincidente con el perfil de Gozilla, manteniendo una lucha a muerte con el primo pequeño del Thunder Megazord, siendo el Power Ranger rojo el único que perdure de la formación original (aún se me encoge el corazón recordando el triste fin de Kimberly) que, a pesar de no ofrecer el rendimiento de antaño, el tío pone empeño y se resigna a caer en el olvido de los “niños prodigio frustrados". Por detrás, un campo psycomagnético controlado por un liche de dudosa reputación impedía el paso a todo aquel ser animado que no perteneciese al plano de los no-muertos, o que tuviese lazos de parentesco con algún humano no mayor de 1’50 cm. que bailase la yenka en nivel destacado (porque todos conocemos los puntos débiles de un liche de dudosa reputación). Por delante, doscientas butacas de tela marronesca ocupadas por doscientas viejas tejiendo suéteres de algodón modelo “Doctor en Alaska”, dispuestas a abalanzarse sobre el primer sujeto oscilante entre 1 y 39 años para retorcer de forma diabólica sus doloridas mejillas al grito de: "¡Ay mi chicoooo!" (estéticamente no se exigen imposibles). miércoles, 10 de octubre de 2007
¿Con qué caeré?
Os pongo en situación: El tipo se encontraba en medio de una encrucijada, un cruce de calles, la de en frente, la de detrás, y una a cada lado. A su izquierda un accidente múltiple, monovolúmenes incrustados en turismos corrientes y molientes de poca monta, ciclomotores y motocicletas, traillers de transporte de troncos alcornocales sirviendo de alimento (junto con el oxigeno tan abundante en esta parte hundida de la atmósfera) al fuego que envolvía los medios de locomoción. A la derecha no paraban de escucharse los gritos amenazantes de un animabestia, extrañamente coincidente con el perfil de Gozilla, manteniendo una lucha a muerte con el primo pequeño del Thunder Megazord, siendo el Power Ranger rojo el único que perdure de la formación original (aún se me encoge el corazón recordando el triste fin de Kimberly) que, a pesar de no ofrecer el rendimiento de antaño, el tío pone empeño y se resigna a caer en el olvido de los “niños prodigio frustrados". Por detrás, un campo psycomagnético controlado por un liche de dudosa reputación impedía el paso a todo aquel ser animado que no perteneciese al plano de los no-muertos, o que tuviese lazos de parentesco con algún humano no mayor de 1’50 cm. que bailase la yenka en nivel destacado (porque todos conocemos los puntos débiles de un liche de dudosa reputación). Por delante, doscientas butacas de tela marronesca ocupadas por doscientas viejas tejiendo suéteres de algodón modelo “Doctor en Alaska”, dispuestas a abalanzarse sobre el primer sujeto oscilante entre 1 y 39 años para retorcer de forma diabólica sus doloridas mejillas al grito de: "¡Ay mi chicoooo!" (estéticamente no se exigen imposibles). martes, 25 de septiembre de 2007
Connotaciones de ser uno mismo

La señora Constan barría su felpudo mientras yo pasaba por su lado y suplía su obligación social con un *sonórico “Buenos días”. La madera de la barandilla raspaba más que de costumbre. La de la escalera crujía más que de costumbre. Al parecer las escaleras no habían pasado una buena noche, y su despertar fue algo ingrato, aunque probablemente el despertar ingrato fue el mío y todo mantenía una religiosa normalidad. En cualquier caso no tardé en llegar al portal del número 30 de la avenida Infante Toledo. Hice sonar fuertemente mis zapatos contra los baldosines de la acera de los pares, avisando a la ciudad de que hoy iba a salir ahí fuera, y el que avisa no es traidor. Adelanté a unos cuantos transeúntes, midiendo que ningún choque contra pronóstico rompiese bajo premonición mi bienestar matutino. Alcancé el frío metal de la puerta del Bayo, bar a que acudía periódicamente para recibir las primeras ingestiones del día, y botellas de anís que pulularon sobre tazas de café. Hice un barrido sobre la estancia, e ignoré la presencia de un conocido no amigo. Digamos que simplemente soy coherente y eficiente: Tú no tienes claro si saludar, tú no sabes si acercarte, tú no sabes de qué diantres hablarme. Yo simplemente evito la duda, soluciono el problema no dando lugar a que se produzca, y si se produce es porque eres rematadamente idiota. Descolgué unas monedas sobre la barra y volví a congelarme la mano con el metal de la puerta.
Cuando quise darme cuenta estaba escuchando en el interior de mi coche una canción que, en inglés, viene a titularse algo tal que “Asientos de pre-vuelo plástico”. Eso significaba que el contacto ya estaba dado, que todo estaba a punto para que una nueva mancha roja se deslizase por calles y avenidas, hasta topar con aquella localidad de las afueras donde se concentraban no recuerdo cuantos platós de televisión. Ya con “Asmático” al stereo, fui recordando que no siempre he sido un hijo de puta, que también hubo ocasiones en las que pasé desapercibido.
Supongo que habré hecho demasiadas cosas en mi vida como para conmemorar recuerdos mediocres en una mañana cualquiera. Es posible que sea envidiado por alguno, odiado por muchos, amado un puñado. A veces piensas que has fallado tantas veces, y a tanta gente, que al único al que no has de fallar bajo ningún concepto es a ti mismo. Intento al menos respetarme, ser consciente de que voy a pasar una vida entera conmigo y que tendré que aprender a soportarme en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad. He aprendido que hay gente a la que jamás agradaré. También hay gente a la que no paro de joder y que siguen a mi lado; los hace parecer gilipollas a mis ojos. Por suerte esto es lo que tengo sin implicarme en absoluto con la gente, no estoy solo. Se que es suerte, no más, que cualquier otro en mi lugar habría sido lapidado hace años, pero si me ha tocado vivirla es mi situación, me pertenece, y también sus beneficios.
No culparé a nadie si el día de mañana viene alguien y me destroza la vida con mi propia medicina, es más, veo perfectamente humano intentarlo, casi una obligación, pero tampoco me da remordimiento de conciencia el saber que, si alguien lo intenta, corre el grave riesgo de unirse de forma autómata a una lista de fracasados que aumenta su tamaño conforme nos atraviesa el tiempo.
A día de hoy no siento nada especial por ser yo mismo.
Soy, no más.
lunes, 17 de septiembre de 2007
En esta vida hay que saber ser agradecidos

El día no empezó ni por asomo de forma especial. Nada reseñable, a lo sumo un ligero dolor de espalda que desveló mi sueño a eso de las once y media de la mañana. La televisión es un asco a esas horas. Me senté un rato frente a ella, viendo como pasaba ante mí el día con más pena que gloria. Para comer: comida recalentada. Un paso aquí. Un paso allí. Sin lugar a dudas el tiempo se había densificado, atravesarlo llevaba consigo el sobresfuerzo de un lago empantanado, lodo y fango. Ni una palabra, ni una conversación. Dediqué algo de tiempo a saldar mis obligaciones, aunque la mente tampoco dio de sí tanto como hubiera deseado. Volver a pisar viejos lugar, reobrar actos del pasado, y todo ello con un solo objetivo: Alcanzar el momento.
Para bien o para mal, al margen de cómo nos sintamos cada uno en el candor de nuestra morada, el tiempo no se detiene. Y así, sin más, fue como llegó la cita. Un buen montón de víveres sobre la mesa es lo poco que recuerdo que acompañaba a este servidor momentos antes de que un extranjero hiciese saltar una esfera en el Palacio de los Deportes, en el mismísimo corazón de Madrid. Comentarios cientos, acertados en su mayoría, fue lo que aconteció a continuación en este día que había dado un giro de 540º. Un día para hacer historia, un día para romper maleficios, un día para ganar. ¿Razones? Inabarcables. Pero el destino quiso que, de una forma totalmente legítima, fueran de otra estirpe los que al pitido final saltasen unos sobre otros, ondeando una tricolor, y profiriendo una serie de gritos en un idioma que tan si quiera he escuchado. Derrota, si. Desilusión, si. Olvido, no. Probablemente aún es temprano para que todos se den cuenta de que ese punto que nos separó de cumplir el sueño es el mismo punto que nos ha grabado en la historia. Porque es el punto del dolor, de un dolor muy profundo, tan profundo que nos acompañará a los que amamos este deporte el resto de nuestras vidas. Y es que esa es otra forma de hacer historia.
Cuando pasen veinte años, y todos estos tipos se dediquen a ver partidos desde palcos, quiero poder volver aquí, y leer que el 16 de Septiembre de 2007 yo estuve frente al televisor, y que solo me despegué de él para seguir con vida en momentos clave. Quiero poder leer que durante la mayor parte del partido tuve que emplearme en cuerpo y alma por llevar a cabo una respiración vitalmente satisfactoria, quiero verme con la vida resuelta y tener la maldita posibilidad de recobrar un escrito en el que figure que un día de mi vida estudiantil en Madrid fue dedicado a ver en solitario, en el salón de un piso en una barriada de la Línea 9, cómo Pau provocó un dos más uno, cómo se pidió ese tiempo muerto, cómo yo (junto con miles de españoles) salí al balcón a tomar el aire mientras el corazón palpitaba más fuerte de lo que jamás recordaba. Y recordar ese balón que jamás entró. Quiero recordar que jugamos, y que perdimos, pero que pusimos una piedra más en una trayectoria de leyenda.
Vendrán más campeonatos, más “Rusias”, más “Lituanias”, nuevos jugadores griegos que harán temblar a Europa, con toda certeza veremos una futura Serbia que pulverizará los aros de todo el planeta; pero me queda la enorme satisfacción de que nuestro equipo está oficialmente y de forma inexorable del bando de las más grandes.
Gracias chicos, gracias por todo.
lunes, 10 de septiembre de 2007
Soldados nipones a modo de minutero

Son solo dos puntos de color naranja parpadeando en la pantalla del dvd, marcando una hora cualquiera en un día cualquiera. Solo fabrico dos tipos de instantes: momentos cualquiera y el resto. Últimamente vivo entre los primeros. La vida que pase como si de elementos extirpables se tratase. Elementos que me rondan lejos. Elementos que faltan, que rascan y que espero vuelvan. O yo volver a ellos.
Es el movimiento el que nos hace cambiar. Es la quietud la que nos hace alejarnos de aquello que preciamos, a velocidad de vértigo. Me alejaré pronto para pronto volver. Y es que ya se me hace imposible cerrar los ojos sin soñar un "tú". Se me hace imposible hablar sin entonar un "tú". Se me hace imposible abrir los ojos sin ver un "tú". Es imposible salir a la calle y no vivir el "tú".
Te propongo algo: No ser más que personajes secudarios de una historia, extras de un rodaje de poca monta, y parar el tiempo cada vez que veamos un segundero moverse, enemistarnos para siempre con ellos.
¡Para siempre!
miércoles, 15 de agosto de 2007
Hecho de sueños reales

Los hombres nacemos, crecemos, nos reproducimos, en ocasiones tenemos gatillazos, y otras muchas simplemente soñamos, y lo relatamos...
El comienzo de esta controversia: una invitación del mismísimo Santi Balmes, una cena en su piso de Ciudad Real (la verdad es que me pareció bastante raro el hecho de tener un piso en tal ciudad, pero me lo tomé como una excentricidad de una estrella post-pop-rock). Evidentemente no lo dudé un instante. Cuando quise darme cuenta estaba frente a la puerta de madera de imitación de ébano, a escasos centímetros de la mirilla, con una "B" de forja sobre el marco y el dedo índice sobre el timbre. No perdí un segundo y lo accioné.
Estaba nervioso. Tras la puerta aparecieron Nuria y Santi. Nuria esbozó una sonrisa más propia de un reencuentro con un pariente lejano que de un completo desconocido. Santi ya entonces poseía la cara agria que perduraría casi inalterable durante el resto de la velada.
Nuria me invitó a pasar. Pasé al salón y allí estaba la pequeña retozándose por el suelo. Me senté sobre una silla y me dispuse a ver el televisor. El salón curiosamente era clavadito al de mi tía Jose (si, le decimos así, de Mari Jose). Santi se sentó en el sillón de piel y comenzamos tragar telebasura al unísono.
El siguiente fragmento de la noche consistió en la ingesta de tercios de cerveza (no de forma abusiva), y el picoteo vario de platos cuidadosamente decorados con manjares de la tierra que Nuria se encargó de depositar sobre la mesa de la Livingroom. Todo esto sucedió mientras la pequeña correteaba de aquí para allá y el par de dos observábamos, sin puta gana, la televisión de plasma. El hielo se rompió cuando Nuria, por fin, terminó de trajinar en la cocina, y se sentó con nosotros. Todo estaba delicioso, altamente satisfactorio. Creo recordar que comimos y bebimos un buen rato más.
El lesbiano mayor me invitó, creo que subconscientemente obligado, a pasar a la "habitación del roq" (la verdad es que no recuerdo bien si ese era su nombre, pero no es mal apelativo a fin de cuentas). Lo primero que me llamó la atención de ella fue el color rojo y un espacio sobrecargado por vinilos, bafles y un magnífico equipo de música que más parecía una máquina del tiempo. Se acercó como jodido de la vida hacia el "Shake some action" de los Flaming Groovies y lo hizo sonar. He de reconocer que sonaba de cojones, y lo digo por ambas partes, la del plasticucho y la de los metales electrizados. Él se quedó de pié mirando al infinito, moviendo la cabeza al ritmo de la música como diciendo "esto es bueno tío". Me sentía apocopado, quería romper el hielo, y lo hice, pero de una forma muy pobre:
- ¿Quienes son estos?
- Son The Flaming Groovies, un grupo californiano de mediados de los 60 que se empeñó en seguir la tendencia marcada por la British Invation cuando la psicodelia de esa década y de la siguiente se impuso a nivel mundial. Es normal que no los conozcas, remaron a contracorriente en su época.
- Son cojonudos. Oye tío, tengo que decirte que me parecéis la polla. En serio, no soy fan de nadie, porque "fan" proviene de "fanático" y a mí los fanatismos me dan miedo, pero si de algún grupo estoy cerca de convertirme en fan es de vosotros.
- Si, gracias.
- No se tío, conecto con la música que hacéis, supongo que será por el momento en que la escuché, que sería propicio para conectar. Yo pienso que lo más importante es que la música te haga sentir, y la vuestra la siento, me transmite mucho. Si todo el mundo sintiese lo que a mí me transmite seríais superventas mundiales. No se, es como magia.
- Si, gracias.
- Pues sabes, me quiero comprar ahora el Fender Blues Junior, ¿sabes cuál es?
- No.
- Ah, pues va a válvulas, un canal limpio, 15 vatios, no se, dicen que está genial.
- Pues si.
- Suenan bien...
- Si.
...
En aquél tenso momento entró la pequeña y se lanzó a la pierna de su progenitor. Fue una bombona de oxígeno en una situación difícil.
- Je, la peque va a salir una rockera de las buenas, con este padre y este equipo.
Tan siquiera obtuve respuesta.
Pululé por el piso unos minutos más mientras recibí invitaciones gastronómicas de todo tipo por parte de Nuria. Las rechacé de la forma más educada que soy capaz de brindar. Tras varios minutos en silencio, anuncie mi marcha a Nuria, que seguía recogiendo la cocina. Se ofreció a acompañarme a la puerta. Pasé por la habitación donde seguía sonando la música. La peque y Santi seguían enzarzados. Me despedí, y Santi me hizo un gesto con la mano sin apartar la vista de la pelirroja.
Lo último que vi fue a Nuria en la puerta, con la misma sonrisa que cuando llegué. Qué simpática esta Nuria.
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Al principio salí bastante mosqueado, bastante rallado e incluso algo cabreado. No entendía el por qué de este trato. No me lo merecía, soy una gran persona y... no entendí nada. Continué caminando hacia casa (curiosamente andando andando, y sin cambiar de paisaje urbano, me planté en mi casa de Pozoblanco) y una vez estuve en la puerta lo recordé todo. Todo encajaba, ¡seré idiota! Es como cuando ves a tu chica distante sin razón y al pasar el tiempo te das cuenta que es el día de tu aniversario: ¡todo esto era motivo de mi ausencia al concierto de los lesbianos en Martos! Joder, y yo actuando como si nada.
Santi, solo te pido tiempo, ya me deben un concierto de Love of Lesbian. Solo te pido que todo esto no acabe así, ¿ok? Para el siguiente te aviso, lo hablamos, y hacemos las paces. De verdad que lo siento.
domingo, 5 de agosto de 2007
Cuentos infantiles sobre niños más o menos idiotas

Jaime García de Torres "El Bocagorda" era un niño de iris marrón. A partir de ahora es muy probable que lo conozcamos únicamente como "El Bocagorda". "El Bocagorda", además de tener el iris marrón, tenía una raqueta de tenis de la marca Babolat, una pasta de chicles caducada en el cajón de su habitación, tres peniques en una caja metálica de color rojo y una bolsa de tela con el símbolo del dólar. "El Bocagorda" tiene pasión por las cuestas empinadas, y acostumbra a rodar por ellas sin más recompensa que sentir las piedras y la arena chocando con su cuerpo al grito de "¡Ajajai!". La madre de "El Bocagorda" está hasta los cojones de sacar manchas de sangre de los pantalones de "El Bocagorda". El padre de "El Bocagorda" está habituado a cascarle un par de hostias cuando lo ve llegar con la camiseta rota. "El Bocagorda" va a la escuela, a la escuela de primaria Nuestra Señora del Santo Evangelio Según San Jonás García (C.P. N.S.S.E.S.S.J.G. si nos basamos en las siglas oficiales). La seño de "El Bocagorda" se llama Rocío, pero él la llama "Señorocio", sin descanso fónico entre ambas palabras. "Señorocio" le ha enseñado a contar, a colorear y a picar. "El Bocagorda" es un gran picador. "El Bocagorda" juega en los recreos con su amigo "El Orejotas" ("Orejitas Pingu" para algunos, los más cabrones) y "El Gafotas" (o "Harry Potter" como son llamados todos los de su misma calaña). "El Bocagorda" y sus colegas recogen batidos del suelo y los deslizan por el suelo a modo de bólido. "El Bocagorda" tiene una amiga especial, Maria Luisa "La Ratona". "El Bocagorda" y "La Ratona" en algunos recreos se esconden detrás de un arbusto, y a la cuenta de tres "El Bocagorda" se baja los pantalones mientras "La Ratona" se sube la falda. Los dos lo pasan piruleta.
"El Bocagorda" es un poco idiota, pero es bastante feliz, cosa que no puede decirse de "El Cobaya", mucho más inteligente que "El Bocagorda" pero hasta los 28 años no echará un mal polvo.
Otro día os contaré la historia de cómo "El Cobaya" echó un mal polvo.
domingo, 29 de julio de 2007
La ley del equilibrio natural en alta mar

- ¡Marinerucho! ¡Ate ese maldito cabo de una vez! ¡No quiero tener que volver a repetírselo!
- Um... si señor, ahora mismo.
- Marinero... ¡¡Marinero!!
- Um... si señor, ahora mismo.
- ¡¡Le ordeno que ate ese cabo inmediatamente!!
- Si...
- ¡¡Maldita sea!! ¿Quiere convertirse en desayuno de tiburones? ¡¡Vas a limpiar tantas letrinas y cubiertas que en tu casa van a comenzar a llamarte Don Limpio!! ¡¡Voy a usar tu culo para sacarle brillo a todas mis insignias!! ¡¡Tortuga!! ¡¡Mi abuelita del pueblo se podría confundir con una patinadora rusa si la comparamos contigo!! ¡¡Rata de alcantarilla!! ¡¡Voy a hacerte pasar los peores días de tu vida!! ¡¡Gritarás como una nena que te hagan lo que hasta ahora conocías por sufrir cuando descubras las sorpresitas que tengo preparadas para tí!! ¡¡Simio invertido!! ¡¡Cuando acabe contigo no vas a poder...
- ¡Plof! (u onomatopeya motivo del estampamiento del puño del marine "Timón" sobre la voluptuosa napia del Almirante Gutierrez)
- ¡Chof! (u onomatopeya motivo de la caída del cuerpo inconsciente del Almirante Gutierrez sobre la cubierta del Yanhee II).
- ¿Por dónde íbamos...? Ah si...
[...]
FIN
lunes, 16 de julio de 2007
¡Ah!

"Maestro, póngame un chupito de veneno de escorpión". Porque sí, cojones. Porque a veces apetece sentir el ácido líquido elemento destrozándote el gaznate. Y porque me da la puta gana, joder, que hay que explicarlo todo.
Mirad, voy a pillar un bazoka ultrasonórico para reventar los cristales de la ventana de mi habitación, y luego me asomaré por el hueco que quede, y observaré satisfecho el reflejo del Sol en los trocitos que queden sobre la acera. Posteriormente creo que emitiré un buen alarido, uno así grande, que aturda incluso. Otearé con cara de puma jambrino al que se quede mirando, porque seguro que alguno se queda mirando. Les diré: "¡Eh!". Seguidamente les preguntaré: "¿Tú qué coño miras?", pero será una pregunta retórica. Si alguien se atreve a responder tengo a mano algunos libros. Les arrojaré uno de Richard Sennett, que ya me lo he leído. Intentaré hacer impacto con el lomo del encuadernamiento, para aumentar las consecuencias agresivas, y las secuelas también.
¿Y al próximo que me toque el talento? A ese lo meto en un cobete, ¡en un cobete hacia el firmamento! A tostarse al Sol, que si en Córdoba hace calor traspasando la troposfera no quiero ni pensarlo.
¡Más tonadas! ¡Más! ¡Tonadilleras! Carajo...
lunes, 9 de julio de 2007
Gracias Lana

TWIN OAKS, es el grabado que Lana Turner porta sobre el hombro derecho de su uniforme, muy comprensible por otra parte al tratarse del nombre que Cora eligió para su Lunch Breakfast Dinner de Los Ángeles en 1946. Añadiré de paso lo tan equilibrada-idiotamente afortunado que me parece Frank Cambell, el cual tuvo a la mujer que mejor ha empuñado un arma, y la perdió de una forma tan fatal… y tan vil… y tan estúpida. ¡Frank, estúpido!
Son casi las cinco de la mañana, no paro de toser y la Excel reposa sobre el sillón, disfrutando de sus últimos momentos de solterío justo un día antes de que se rompa el paréntesis de su proyecto central. Está contenta, pero a la vez homenajea en esta noche todos esos momentos de unidad y ausentismo personal. Está nerviosa, como la noche antes de hacer un viaje sin billete de vuelta. Está algo cansada, pues es tarde y la noche, a pesar del calor, es agradable.
Y yo, tercer vértice de este triángulo. Yo, entre el regocijo del pasado y el ansia de tiempos venideros. No soy más que otro tipo con algo de sueño entrado en altas horas de la madrugada, que tomará un vaso de agua y dormirá tranquilo, en paz con el mundo que le rodea. Gracias Lana, gracias nena.
domingo, 10 de junio de 2007
Problemas diarios independientes de la mañana

Desde hace algunos días vengo arrastrando un problema que a día de hoy no se muy bien cómo voy a solucionar: Se me ha metido una modelo en casa y no sé cómo echarla.
Todo empezó el jueves de la semana pasada. Venía de comprar unos cuantos productos alimenticios del supermercado que hacían tremenda falta, y cuando estaba dejando las bolsas en la cocina escuché un ruido en el salón. Pensé que sería mi compañero. Entré al salón y pillé in fraganti a una extraña merodeando el piso. No crean que me faltó mucho para sufrir una embolia. Agarré un periódico viejo enrollado de esos que cubren las mesas de mi piso (un arma mortífera si es usada con precisión) y comencé a gritarle en tono amenazante. No se, mi primera reconstrucción de los hechos fue que había entrado por la ventana y tenía intención de sustraernos nuestros objetos de valor. Claro que ahora que lo pienso también me podría haber dado por pensar que era una amiga de Jorge, la escena hubiera sido mucho menos violenta (aunque me alegro de que no fuese una amiga de Jorge, qué imagen se hubiera llevado de mí). Se quedó todo en silencio por un momento y, entre tanta tensión, la muchacha se asustó (normal). Nos miramos unos segundos, se tapó la cara con la palma de las manos y finalmente, rompió a llorar. Al principio no sabía muy bien cómo reaccionar. Cuando me cercioré de que lo de llorar a moco tendido iba en serio ya me acerqué a la chica, la abracé e intenté consolarla: “Venga… muchacha, no llores, no pasa nada. ¿Ves que bien?”.
No habla mucho, la verdad. Los primeros días se los pasó sentada en el sillón, viendo la tele. Llegaba yo de estudiar y me la veía ahí con su cucharilla, su tarrina de helado y su mando mirando la caja, como si el mundo no fuese con ella. Le preguntaba que cómo le había ido el día y ella me respondía encogiendo los hombros, sin apartar la vista del televisor. Y es que ese sillón era su vida, desde ahí veía su (mi) tele, se comía su tarrina de helado, se leía sus revistas, se echaba sus siestas, se tumbaba a pensar en sus cosas, dormía por las noches… Al tercer día empezó a darme lástima. A media noche me levanté de la cama y me acerqué al sofá. La desperté con la suavidad que me caracteriza y le propuse dormir en mi cama, añadiendo que a mí no me importaba dormitar en el sofá (es que ese sofá está bien para una siesta, pero tres días durmiendo ahí deben dejarte la espalda para agujerear pelotas de golf). La muchacha hizo un gesto que traduje como: “Bueeeno…”, perdiendo así mi hegemonía sobre la habitación nº02. Ahora el que tiene la espalda abollada soy yo. Se me ha cogido un dolor al lumbago que es cosa fina. También he perdido movilidad en el cuello. Y lo peor no es ya el dolor físico, si no tener que aguantar los cachondeos de mis colegas: “¡Ito! ¡Mira aquí! ¡El sujetador de Pilar Rubio! ¡No, no! ¡Mejor mira aquí que es más guay!”. Y yo: “¡Id con vuestra puta madre anda!”. Los dolores se aguantan, pero lo otro me supera. Idea: ¡¡Tengo que echarla como sea!!
Durante este tiempo la he ido psicoanalizando. He llegado a la conclusión de que su situación personal ejerció sobre ella una fuerte dosis de presión, demasiada, y no aguantó. Supongo que la vida de una modelo debe llegar a poner muy a prueba el aguante psicológico de las personas: Estar todo el tiempo pendiente de la imagen, tener que ser un icono perfecto y pasarte el día controlando al milímetro lo que haces para no salirte de lo políticamente correcto; pesado lastre para cualquiera. El glamour, las fiestas, las proposiciones indebidas, y en definitiva, estar envuelta en un mundo de una superficialidad tal debe hacer replantearte si hoy día todo se limita al envoltorio. Veo normal que la chica explotase y se batiese en retirada. Y a mí que me parece genial, pero carajo, que yo así no puedo vivir.
A partir del tercer día, (y de que empezase a dormir en mi cama) como que se fue animando, se la ve más activa. Ya llegaba yo a casa y la veía con el delantal, la cofia de asistente y el plumero quitándole el polvo a los muebles y los marcos de las fotos. Ha cambiado las toallas y ha puesto unas limpias. Algunos días cuando llegamos de estudiar nos tiene preparada la comida. Ayer nos cocinó unos filetes de lenguado que convierten la cocina de Ferrán Adriá en comida basura. Comimos tanto y tan bien que tuve que echarme la siesta boca abajo para no poner en peligro por aplastamiento algunos órganos vitales. Y es que luego también tiene buena mano para el arte del caricato: Me ha hecho un retrato bastante gracioso de yo sosteniendo un elefante mientras ella pasa la aspiradora. Joder, que yo creo que estoy encariñándome un poco con ella y todo. No si verás tú como al final me va a dar pena cuando marche.
¿A que no va a estar tan mal que se te meta una modelo en casa?
